Walter White – ¿Quién trajo a los esclavos a Norteamérica?

 

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               ¿Quién Trajo los Esclavos a Norteamérica?

por Walter White Jr., 1968

La historia de los esclavos en América comienza con Cristóbal Colón. Su viaje a América no fue financiado por la Reina Isabel, sino por Luis de Santángel, que le adelantó la suma de 17.000 ducados (aproximadamente 5.000 libras, equivalentes hoy a 50.000 libras) para financiar el viaje, que comenzó el 3 de Agosto de 1492. Colón fue acompañado por cinco “marranos” (judíos que habían abandonado su religión y supuestamente se hicieron católicos): Luis de Torres, intérprete; Marco, el cirujano; Bernal, el médico; Alonso de la Calle y Gabriel Sánchez (Cf. Henry Ford, El Judío Internacional).

Gabriel Sánchez, instigado por los otros cuatro judíos, vendió a Colón la idea de capturar a 500 indios y venderlos como esclavos en Sevilla, España, lo que efectivamente fue hecho. Colón no recibió ningún dinero de la venta de los esclavos, pero llegó a ser víctima de una conspiración tramada por Bemal, el médico del barco. Colón sufrió la injusticia y el encarcelamiento como recompensa, traicionado por los cinco marranos (judíos) en que él había confiado y había ayudado. Este, irónicamente, fue el comienzo de la esclavitud en las Américas (Cf. Malcolm Cowley, Adventures of an African Slaver, 1928, p.11).

Los judíos fueron expulsados de España el 2 de Agosto de 1492, y de Portugal en 1497. Muchos de estos judíos emigraron a Holanda, donde ellos establecieron la Compañía Holandesa de Indias Occidentales para explotar el nuevo mundo.

En 1654, el primer judío, Jacob Barsimson, emigró de Holanda a Nueva Amsterdam (Nueva York) y en la década siguiente muchos más le siguieron, estableciéndose a lo largo de la Costa del Este, principalmente en Nueva Amsterdam y Newport, en Rhode Island. Ellos estaban impedidos, por ordenanzas publicadas por el Gobernador Peter Stuyvesant, de involucrarse en la economía nacional, de manera que rápidamente descubrieron que el territorio habitado por los indios sería un campo fértil. No había ninguna ley que impidiera a los judíos comerciar con los indios.

El primer judío en empezar a comerciar con los indios fue Hayman Levy, quién importó cuentas de cristal barato, tejidos, pendientes, brazaletes y otras baratijas de Holanda que fueron cambiados por valiosas pieles de animales. Hayman Levy pronto se asoció con los judíos Nicholas Lowe y Joseph Simon. Lowe concibió la idea de comerciar ron y whisky con los indios y estableció una destilería en Newport, donde estos dos licores fueron producidos. Dentro de un breve tiempo había 22 destilerías en Newport, todos ellas poseídas por judíos, fabricando y distribuyendo el “aguardiente”. La historia de la corrupción de los indios, con las consiguientes masacres por parte de los primeros colonos, es una historia dramática en sí misma.

Es esencial comprender el puerto de Newport. Es importante a fin de reconocer la participación judía en el comercio de esclavos. Hubo un período en que fue comúnmente referido como el “Centro Mundial del Comercio Judío de Esclavos de Newport”. En total en este tiempo había en Norteamérica seis comunidades judías: Newport, Charleston, Nueva York, Filadelfia, Richmond y Savannah. Había también muchos otros judíos dispersos sobre toda la costa Este. Aunque Nueva York tuviera el primer lugar en pobladores judíos en Norteamérica, Newport tenía el segundo lugar.

Nueva York era también la principal fuente de carne kosher, proveyendo a los asentamientos norteamericanos, y luego a las Antillas y también a Sudamérica. ¡Actualmente Newport está a cargo!. Newport también llegó a ser el gran puerto comercial de la costa Este de Norteamérica. Allí, los buques de otros puertos se reunían para intercambiar productos. Newport, como antes se dijo, representó el lugar principal en el comercio de ron, whisky y tráfico de licor. Y para concluír, finalmente llegó a ser el principal centro del tráfico de esclavos. Era desde este puerto que los barcos partían a través del océano a recolectar su carga humana negra y luego obtener grandes sumas de dinero a cambio de ellos.

Un informe contemporáneo auténtico, basado en las autoridades, indica que de 128 barcos de esclavos, por ejemplo, que dejaron su “carga” en Charleston en un año, 120 de éstos estaban registrados por judíos de Newport y Charleston con sus propios nombres. De los restantes, uno puede conjeturar que, aunque ellos fueran ingresados como de Boston (1), Norfolk (2) y Baltimore (4), sus verdaderos dueños eran de manera similar los distribuidores judíos de esclavos de Newport y Charleston.

Uno podría evaluar la participación judía en el negocio entero de Newport, si se considera la gestión de un solo judío, el portugués Aarón López, que tuvo un importante papel en la historia acerca de los judíos y la esclavitud. Acerca del comercio total de las Colonias, y el posterior Estado de Rhode Island (que incluía a Newport), las facturas de embarque, las concesiones, los recibos y las autorizaciones de puerto llevaban el nombre firmado del judío Aarón López. Todo esto ocurrió durante los años 1726 y 1774. Él tuvo por lo tanto más del 50% de todo el comercio bajo su control personal durante casi cincuenta años. Aparte de esto había otros barcos que él poseía, pero que navegaban bajo otros nombres.

[Nota: Aarón López y su familia llegaron a Newport alrededor de 1750 desde Nueva York vía Lisboa, Portugal. López llegó al Nuevo Mundo como miembro de una familia "marrana" con el nombre cristiano de "Don Duarte López". López inmediatamente abandonó su nombre cristiano y tomó el nombre hebreo de Aarón y se sometió a la circuncisión ritual. En veinte años, López era propietario o tenía intereses en más de 80 barcos. López fue también uno de los fundadores originales y contribuyente de la sinagoga Touro, y hacia el final de su vida fue reconocido como uno de los "Príncipes Mercaderes" de la temprana Norteamérica. Los intereses de su comercio mercantil incluían ron, melaza, mercería y esclavos africanos].

En el año 1749 fue establecida la primera logia masónica. El 90% de los miembros de esta primera logia, catorce en total, eran judíos. Y uno sabe que sólo los llamados individuos “prominentes” eran aceptados. Veinte años más tarde fue establecida la segunda logia masónica, “Rey David”. Es un hecho que todos sus miembros eran judíos.

Mientras tanto, la influencia judía en Newport había alcanzado tales proporciones que el Presidente George Washington decidió hacerles una visita. Sobre su presencia allí, de ambas logias masónicas enviaron un emisario –un judío llamado Moisés Seixas– para acercarse al Presidente con una petición, en la cual los judíos de Newport declaraban: “Si usted desea permitir a los hijos de Abraham acercarse a usted con una petición, para decirle que le honramos, y sentimos una alianza…” y luego: “Hasta el presente los valiosos derechos del ciudadano libre han sido retenidos. Sin embargo, ahora vemos nacer un nuevo gobierno basado en la Majestad del pueblo, un gobierno que no permite ninguna intolerancia ni persecución del judío, sino más bien concede la libertad de pensamiento, que cada uno comparte, cualquiera que sea su nación o lengua, como una parte de la gran máquina del Gobierno”.

[Nota: Las familias de Moses Levy y Moses Seixas vivieron en una de las enormes mansiones coloniales de Newport, en el 29 de la calle Touro. Seixas fue un miembro fundador de la más antigua logia masónica judía (Rey David, en Newport) y Gran Maestro de la Orden Masónica de Rhode Island. Seixas era conocido como el Cajero del Banco de Rhode Island. Presidente (Parnas) de la sinagoga Touro en el momento de la visita y carta de George Washington a la congregación, Seixas también realizó el Pacto de la Circuncisión (B’rith Milah). El prominente comerciante y mercader Moses Levy de Nueva York y Newport perteneció a una de las varias familias judías Ashkenazi en Newport entonces. Levy poseyó la Mansión de la calle Touro y legó la propiedad a Moses Seixas en 1792].

Es necesario en este punto considerar las revelaciones en cuanto a quién en realidad obtuvo esta legendaria libertad en EE.UU. desde la fundación de la Unión. Desde luego la provincia se hizo independiente y separada de la jurisdicción inglesa. Sin embargo, podemos ver que en la petición que Moisés Seixas propuso al Presidente Washington en nombre de los judíos de Newport, no era en realidad este tipo de libertad la que ellos tenían en mente. Ellos estaban simplemente preocupados por ellos mismos, y sus “propios derechos civiles”, que habían sido retenidos. Por lo tanto, después de la Guerra Revolucionaria, se acordó que los judíos tuvieran igualdad de derechos, y fueran liberados de todas las restricciones. ¿Y los Negros?. No resistiéndose a la Guerra Revolucionaria, ellos siguieron siendo esclavos. En el año 1750, un sexto de la población en Nueva York era negroide, y proporcionalmente en las partes del Sur del país, ellos superaban en número a los demás, pero la proclamación de libertad no los tocó, sino mucho más tarde de esto.

[Nota: Petición de Moses Seixas a Washington: “Señor: Permita a los hijos de la estirpe de Abraham acercarse a usted con el afecto más cordial y estima por su persona y mérito, y unirse con nuestros miembros-ciudadanos para dar la bienvenida a usted a Newport…

Privados, como hasta ahora hemos estado, de los derechos inestimables de los ciudadanos libres, ahora –con un profundo sentido de gratitud hacia el Todopoderoso Establecedor de todos los acontecimientos– contemplamos un gobierno erigido por la majestad del pueblo, un gobierno que a la intolerancia no da ninguna aprobación, y a la persecución ninguna ayuda, sino generosamente permitiéndose a todos la libertad de conciencia y las inmunidades de la ciudadanía, considerando a cada uno, de cualquier nación o idioma, como partes iguales de la gran máquina gubernamental.

Esta tan amplia y extensa Unión Federal, cuya base es la filantropía, la confianza mutua y la virtud pública, no podemos sino reconocer que es obra del gran Dios, que gobierna en los ejércitos del cielo y entre los habitantes de la tierra, pareciéndole a Él buena del todo.

Para todas las bendiciones de la libertad civil y religiosa de la cual disfrutamos bajo una administración igualitaria y benigna, deseamos elevar nuestras gracias al Anciano de días, el gran Preservador de los hombres, suplicándole que los ángeles que condujeron a nuestros antepasados por el desierto hacia la tierra prometida puedan conducirle graciosamente por todas las dificultades y peligros de esta vida mortal; y cuando, como Josué, lleno de días y lleno de honores, usted se reúna con sus padres, pueda usted ser admitido en el paraíso celestial para participar del agua de la vida y del árbol de la inmortalidad.

Hecho y firmado por orden de la Congregación Hebrea en Newport, Rhode Island, el 17 de Agosto de 1790. Moses Seixas, Director”].

Escudriñemos de cerca este funesta labor de los judíos que les dio influencia y poder, para que podamos comprender la trata de esclavos; pues los celosos escritores judíos han escrito mucho desde esa época, de modo que actualmente, por haber sido este asunto desde hace mucho tiempo removido, podría parecer natural, ya que el elemento tiempo tiene una tendencia a hacer nebulosas las cosas.

Sigamos el viaje de un barco, perteneciente a un traficante de esclavos, Aarón López, que había hecho muchos viajes a la costa africana. Por ejemplo, en el mes de Mayo de 1752, el barco “Abigail” fue equipado con aproximadamente 9.000 galones de ron, un gran suministro de grilletes de hierro para pies y manos, pistolas, pólvora, sables y muchos ornamentos de estaño sin valor, y al mando del capitán judío Freedman, navegó lejos hacia África. Había sólo dos oficiales y seis marineros integrando el equipo. Tres meses y medio más tarde ellos arribaron a la costa africana. Mientras tanto, allí había sido establecida una agencia africana por los traficantes judíos de esclavos, que los tenía a éstos acorralados y preparados para la venta. Esta organización se había internado profundamente en África y tenía muchas ramificaciones, incluídos jefes de tribus, de aldeas, etc. Este método de persuadir a estos líderes para la trata judía de esclavos, era similar al que los judíos habían empleado con los indios.

Al principio, ellos les obsequiaban el ron, y dentro de poco tiempo los tenían sumidos en un delirio alcohólico. Cuando el oro en polvo y el suministro de marfil se agotaban, los inducían a vender a gente de su misma raza, inicialmente a sus mujeres y luego a sus jóvenes. Entonces los Negros comenzaban la guerra el uno contra el otro, trazado y desarrollado todo mayormente por los judíos, y si aquellos capturaban prisioneros, éstos también eran cambiados por ron, municiones y armas, para que los judíos los utilizaran en campañas ulteriores destinadas a capturar a más Negros. Los Negros capturados eran engarzados de dos en dos y conducidos por los sombríos bosques hacia la costa. Estos penosos y dificultosos viajes requerían semanas, y algunos de los apresados con frecuencia enfermaban y caían por el agotamiento, y muchos eran incapaces de levantarse aunque el látigo de cuero fuera aplicado como un incitador. Éstos eran abandonados para que murieran y fueran devorados por las bestias salvajes. Era bastante habitual ver los huesos de los muertos yaciendo bajo el sol tropical, un recordatorio triste y espantoso para aquellos que más tarde caminaran por este camino.

Se ha calculado que por cada Negro que resistió los rigores de este deambular, teniendo aún que hacer el largo viaje a través del océano antes de que arribaran a tierras norteamericanas, nueve de cada diez morían. Y cuando uno considera que había una emigración anual de UN MILLÓN de esclavos Negros, entonces, y sólo entonces, puede uno evaluar el tremendo y extenso éxodo de la gente africana. En el presente África está escasamente poblada, no solo debido al millón anual literalmente sacado a la fuerza de sus chozas, sino debido a los cinco a nueve millones anuales que nunca alcanzaron su destino. Una vez que ellos alcanzaban la costa, los esclavos Negros eran conducidos juntos, y se les aplicaban restricciones para mantenerlos hasta que el siguiente barco de transporte atracara. Los agentes –muchos de ellos judíos– que representaban al jefe tribal, luego comenzaban el trato con el capitán. Cada Negro le era presentado personalmente. Pero los capitanes habían aprendido a desconfiar. El Negro debía mover sus dedos, brazos, piernas, y el cuerpo entero para asegurar que no había ninguna fractura. Incluso los dientes eran examinados. Si faltaba un diente, esto bajaba el precio. La mayor parte de los agentes judíos sabían cómo tratar a los Negros enfermos con productos químicos a fin de venderlos como si estuvieran sanos. Cada Negro era valorado en aproximadamente 100 galones de ron, 100 libras de pólvora, o en dinero en efectivo entre 18 y 20 dólares. Las anotaciones de un capitán nos informan que el 5 de Septiembre de 1763 un Negro fue tasado como en 200 galones de ron, debido a la puja entre los agentes, elevándose su precio. Las mujeres menores de 25 años, embarazadas o no, se tasaban en la misma medida si ellas estaban sanas y eran atractivas. Cualquiera mayor de 25 año perdía el 25% de su precio.

Y aquí debiera manifestarse que aquellos Negros, comprados en la costa africana por 20 a 40 dólares, eran revendidos entonces por los mismos traficantes de esclavos en Norteamérica en 2.000 dólares. Esto le da a uno una idea de cómo los judíos lograron adquirir fortunas enormes. Después de la negociación, el capitán Freedman pagaba la cuenta, en mercancía o dinero efectivo. Él también recordaba algunos consejos que sus patrones judíos le dieron cuando él salió de Newport para África: “Vierta tanta agua en el ron como usted pueda”. De esta manera los jefes Negros eran engañados dos veces por los judíos de Newport.

El siguiente paso era rasurar el pelo de la cabeza de los esclavos adquiridos. Entonces ellos eran amarrados y marcados con un hierro caliente, en la espalda o en la cadera, identificándolos con sus propietarios. Ahora el esclavo Negro era en efecto propiedad del comprador judío. Si él huía podía ser identificado. Después de este procedimiento, había una celebración de despedida. Había casos en que familias enteras eran traídas desde el interior hacia la costa, y luego separadas por el comprador –el padre yendo en un barco, los hijos e hijas en otro. Estas celebraciones de despedida estaban frecuentemente colmadas por la emoción, lágrimas, drama y tristeza. Había muy poca alegría, si es que la hubo.

Al día siguiente comenzaba el transporte desde la tierra hacia el barco. Se hacía tomando cuatro o seis Negros por vez en botes de remos al barco. Por supuesto los traficantes de esclavos estaban conscientes de cuánto el Negro amaba su patria sobre todo lo demás, y de que sólo podía ser inducido a abandonarla por medio de una gran violencia. De este modo, algunos Negros saltarían al agua. Pero aquí los capataces estaban listos con fieros perros y recuperaban a los hombres que huían. Otros Negros preferían ahogarse. Los que llegaban vivos a bordo eran inmediatamente desnudados. Aquí había otra oportunidad para saltar por la borda y alcanzar la tierra y la libertad. Pero los traficantes de esclavos eran despiadados y sanguinarios; ellos estaban simplemente preocupados por llevar su carga Negra a Norteamérica con la menor pérdida posible. Por lo tanto, a un evadido y luego recapturado, se le cortaban ambas piernas ante la mirada de los Negros restantes con el fin de restaurar el “orden”.

A bordo del barco los Negros eran separados en tres grupos. Los hombres eran colocados en una parte del barco y las mujeres en otro, por medio de lo cual el lujurioso capitán arreglaba el modo de que las mujeres Negras más jóvenes, sobre todo las más atractivas, fueran accesibles para él.

Los niños permanecían en la cubierta, tapada con una tela cuando había mal tiempo. De esta manera el barco de esclavos procedía con su viaje a Norteamérica. Por lo general, los barcos eran demasiado pequeños y nada apropiados para transportar gente. Estaban apenas equipados para transportar animales, con los cuales los Negros eran comparados. En un espacio de un metro de alto estas criaturas desafortunadas eran colocadas en una posición horizontal, oprimidas unas contra otras. Por lo común ellos iban encadenados juntos. En esta posición ellos tenían que permanecer durante tres meses, hasta el final del viaje. Raramente había allí un capitán que se compadeciera de ellos o evidenciara algún sentimiento cualquiera hacia estas criaturas lastimosas. De vez en cuando ellos eran llevados en grupos a la cubierta para tomar aire fresco, encadenados con grilletes de hierro.

De alguna manera estos Negros eran prescindibles, por lo que padecieron mucho. De vez en cuando uno de ellos se volvía loco, y mataba a otro ejerciendo presión sobre él apretándolo y asfixiándolo. A ellos también se les cortaban sus uñas de manera que no pudieran rasgar la carne de los otros. Las batallas más horribles ocurrieron entre los hombres, para adquirir un centímetro o dos para una posición menos incómoda. Precisamente entonces el capataz de esclavos intervenía con su látigo de cuero. El excremento humano inimaginable, horrible, en medio del cual estos esclavos tuvieron que soportar estos viajes es imposible de describir.

En el sector de las mujeres prevalecían las mismas condiciones. Las mujeres daban a luz a sus niños yaciendo presionadas estrechamente juntas. Las mujeres Negras más jóvenes eran constantemente violadas por el capitán y la tripulación, resultando así un nuevo tipo de mulato cuando ellos vinieron a América.

En Virginia, o en cualquiera de las otras ciudades portuarias del Sur, los esclavos eran transferidos a tierra e inmediatamente vendidos. Una subasta regular tenía lugar, siguiendo el método de compra en África. El mejor postor obtenía la “pieza”. En muchos casos, debido a la suciedad indescriptible, algunos de los Negros se enfermaban durante el viaje por mar de África a Norteamérica. Ellos quedaban inutilizables para el trabajo. En tales casos el capitán aceptaba cualquier precio. Era raro que se dispusiera de ellos pues nadie quería comprar a un Negro enfermo. Por lo tanto, no es sorprendente que el inescrupuloso e inmoral doctor judío ideara una nueva forma de percibir ingresos. Ellos compraban al Negro enfermo por una pequeña suma; luego lo trataban, y lo vendían por una suma grande. En ocasiones, el capitán se quedaba con unos pocos Negros para quienes no se había encontrado un comprador. En este caso él volvía a Newport y los vendía a los judíos como ayudantes domésticos baratos. En otros casos, el propietario judío de los barcos se adueñaba de ellos. Esto explica por qué la ciudad de Newport y sus alrededores tenía 4.697 esclavos negros en el año 1756.

La esclavitud no se extendió al Norte. Además, en muchas de las colonias norteamericanas la esclavitud estaba estrictamente prohibida. Georgia la puso bajo discusión; lo mismo se hizo en Filadelfia. Y nuevamente fueron los judíos los que ingeniaron algún resquicio legal, que les había dado la libertad después de la Guerra Revolucionaria [o de Independencia, 1775-1781], y así ellos urdieron formas para hacer legal el comercio de esclavos.

Uno sólo tenía que leer los nombres de aquellas personas que vivían en Filadelfia que estaban solicitando la eliminación de las leyes existentes en cuanto al comercio de esclavos. Ellos eran los judíos Sandiford, Lay, Woolman, Solomon y Benezet. ¡Esto lo explicaba todo! Pero volvamos al barco de esclavos “Abigaíl”. Su capitán –y estamos leyendo de los libros de su barco– hizo un negocio provechoso. Él vendió todos sus Negros en Virginia, invirtió un poco del dinero en tabaco, arroz, azúcar y algodón, y continuó a Newport donde él depositó sus mercaderías.

Aprendemos de los libros del capitán Freedman que el “Abigaíl” era un pequeño barco y sólo podría acomodar a 56 personas. Él pudo, sin embargo, obtener en un viaje 6.621 dólares, que entregó al dueño del barco: un tal Aarón López.

Las asombrosas cantidades de dinero adquiridas por los propietarios judíos de barcos y por los traficantes de esclavos son mejor ilustradas cuando enfatizamos en los muchos años durante los cuales esta compraventa de carne humana fue practicada. Antes de 1661, todas las colonias tenían leyes que prohibían la esclavitud. Fue en aquel año que los judíos se hicieron lo bastante poderosos para causar la derogación de estas leyes, y la esclavitud comenzó en serio.

Los judíos habían descubierto que los colonos necesitaban mano de obra adicional como ayuda para limpiar sus campos para la plantación, para la construcción de viviendas, y en general ayuda en la cosecha de sus siembras. Esto era particularmente verdadero en los estados del Sur a los cuales nos hemos referido antes. Los sureños tenían extensiones enormes de tierra fértil apta para arroz, algodón, tabaco y azúcar de caña. Al principio fueron reclutados europeos empobrecidos. Las puertas de las prisiones inglesas fueron abiertas y posteriormente trajeron a presos de la guerra entre Inglaterra y Holanda a las colonias, y hechos trabajar hasta que ellos hubieran pagado el costo de su transporte en barco, y luego eran dejados en libertad.

No le toma mucho tiempo a un judío descubrir lo que sus hermanos están haciendo, de modo que un grupo de judíos se asentó en Charleston, Carolina del Sur, donde ellos establecieron destilerías para hacer ron y whisky. Ellos también aprendieron que podían hacer comercio con el marfil con los nativos de la costa Oeste de África, por lo que varios barcos fueron comprados y enviados a África, cambiando los habituales abalorios de cristal y otros ornamentos baratos por marfil, el cual, sin embargo, ocupaba poco espacio a bordo del barco. Se les ocurrió a estos comerciantes judíos que ellos podrían abastecer las plantaciones del Sur con “marfil Negro”, necesario en condiciones pantanosas y palúdicas que el trabajador europeo no podía tolerar sin enfermarse, y que no sólo llenaría el espacio de carga de sus barcos, sino que les reportaría ganancias enormes. (Este mismo grupo había tratado antes de vender a los indios norteamericanos como esclavos, pero los encontraron completamente insatisfactorios, por cuanto los indios no tolerarían este tipo de trabajo). Así, otro segmento del comercio de esclavos se había hecho activo y provechoso desde Charleston, Carolina del Sur. Varios cargamentos de esclavos Negros fueron enviados por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales [el Caribe] a Manhattan.

Durante este tiempo hubo varios dueños de plantaciones establecidos en las Antillas [West Indies], y dos judíos, Eyrger y SayUer, con fuertes conexiones con los Rothschild en España, formaron una agencia llamada ASIENTO, que más tarde funcionó en Holanda e Inglaterra. Era mediante estas conexiones que los judíos en Holanda e Inglaterra ejercían su influencia, y desde ambos lugares cooperaron para ayudar a los judíos a proporcionar esclavos Negros a los colonos.

Con la captura anual y el transporte de un millón de esclavos Negros no es difícil calcular que desde 1661 hasta 1774 (ciento trece años) aproximadamente ciento diez millones de esclavos habían sido sacados de su tierra natal. Aproximadamente el diez por ciento de los esclavos Negros, unos ONCE MILLONES, llegaron vivos a las colonias.

Hemos hablado del pequeño barco “Abigaíl” que pudiendo acomodar sólo a 56 personas aún así las ganancias que obtenía por cada viaje eran enormes, con poca o ninguna inversión. Había muchos otros barcos, pero nos concentraremos aquí sólo en unos cuantos, como “La Fortuna”, “Hannah”, “Sally” o el “Venue”, que hizo muy grandes ganancias. “La Fortuna”, a propósito, transportó a aproximadamente 217 esclavos por cada viaje. El dueño obtuvo no menos de 41.438 dólares por viaje. Éstos eran dólares que los traficantes de esclavos “podían conservar”. Y éstos eran dólares valiosos que comprarían mucho a cambio.

Cuando uno considera que los judíos de Newport eran propietarios de aproximadamente 300 barcos que transportaban esclavos, ininterrumpidamente activos, atracando en Newport, África, Charleston (o Virginia), uno puede aproximarse a las enormes ganancias que obtuvieron los propietarios judíos de barcos. En efecto, los judíos confiesan que de los 600 barcos que salían del puerto de Newport hacia todo el mundo, “al menos la mitad de ellos” se dirigía a África, y sabemos lo que estos barcos que iban a África “estaban buscando”.

Es bien conocido el hecho de que Aarón López tuvo el control de más de la mitad de los negocios realizados en las colonias de Rhode Island con Newport. El famoso rabino Morris A. Gutstein, en su libro La Historia de los Judíos en Newport, intenta dejar de lado estos hechos, manteniendo que no hay ninguna prueba de que los judíos estuvieron relacionados con el comercio de esclavos. Es por lo tanto imperativo demostrar que los judíos efectivamente estuvieron relacionados con dicho tráfico, sobre todo desde que este rabino insiste en que ellos habían hecho grandes contribuciones, y cuán “bendecida” fue la ciudad de Newport con la permanencia de ellos. Seguramente Morris A. Gutstein nos concederá permiso para presentar los hechos que él fue incapaz de encontrar.

Volviendo a un informe de la Cámara de Comercio de la “Colonia Rhode Island” del año 1764, encontramos, por ejemplo, que en el año 1723 “unos pocos comerciantes en Newport” idearon la idea de enviar su ron de Newport a la costa de África. Se desarrolló una exportación tan grande, que en unos pocos años “varios miles (de cubas)” de ron siguieron aquel camino. ¿A qué propósito servía este ron?.

El Instituto Carnegie de Washington D.C. presenta y hace público documentos auténticos titulados “Documentos Ilustrativos de la Historia de la Trata de Esclavos en Norteamérica”. Deseamos presentar unos cuantos hechos de esta colección particular de documentos originales y escudriñarlos de cerca, y no sólo para demostrar el error anterior del rabino Morris A. Gutstein. En esta colección del primer instituto norteamericano de aprendizaje, evaluamos la fundamental sección “Rhode Island”, que aportó la parte principal de la documentación pública en cuanto al comercio de esclavos. Aquí encontramos documentados los destinatarios de las numerosas cartas de embarque, también cartas a los traficantes de esclavos, y correspondencia a los capitanes de barco, que eran judíos aproximadamente en un 15%, residentes en Newport. Entre éstos encontramos, por ejemplo, al judío Isaac Elizar. Él escribió una carta al capitán Christopher Champlin el 6 de Febrero de 1763, diciendo que le gustaría ser un agente para una carga de esclavos. Luego sigue el judío Abraham Pereira Méndez, y uno de los principales traficantes de esclavos, Jacob Rod Rivera, suegro de Aarón López. Y luego está el mismo Aarón López, y muchos, muchos otros judíos más. Aunque hayamos considerado a Aarón López varias veces, el tamaño de este documentado tratado nos limita, y no podemos describir a todos los escritores preocupados en la correspondencia sobre la trata de esclavos, sus nombres y las fechas específicas, sino más bien deseamos estudiar la documentación del “Carnegie Institute” mismo, teniendo a Aarón López en mente. Deseamos ver lo que por lo general este judío perseguía y cuál era su negocio. Esto se debe a que el rabino Gutstein lo presenta como un “noble y refinado ciudadano de Newport” que fue tan generoso e incluso “hizo contribuciones al bienestar público”.

En un gran número de imparciales escritos originales publicados en el Instituto Carnegie, encontramos que Aarón López se dedicó al comercio de ron en gran escala con la costa africana a cambio de esclavos. Estos hechos irrefutables son como sigue:

  El 22 de Junio de 1764, una carta del capitán Guillermo Stead a Aarón López.

  El 22 de Julio de 1765, una carta de Aarón López al capitán Nathaniel Briggs.

  El 22 de Julio de 1765, una carta al capitán Abraham All.

  El 4 de Febrero de 1766, una carta al capitán William Stead de Aarón López.

  El 7 de Marzo de 1766, una carta del capitán William Stead a Aarón López.

  El 20 de Febrero de 1766, una carta de Aarón López al capitán William Stead.

  El 8 de Octubre de 1766, una carta del capitán William Stead a Aarón López.

  El 9 de Febrero de 1767, una carta del capitán William Stead a Aarón López.
 
Además de esto, hay declaraciones similares en otras cartas originales de Aarón López, que él dirigió a los capitanes Henry Cruger, David Mill, Henry White, Thomas Dolbeare y William Moore. En efecto, una carta del capitán William Moore a Aarón López y Compañía, es particularmente reveladora, y de especial mención en este punto. Deseamos recalcar los contenidos principales de esta carta en la cual el capitán Moore escribe: “Deseo informarle que su barco “Ann” atracó aquí anoche con 112 esclavos, consistentes en 35 hombres, 16 jóvenes grandes, 21 niños pequeños, 29 mujeres, 2 muchachas crecidas, 9 niñas pequeñas, y le aseguro que este es un rumcargo (esclavos a cambio de ron) que aún no he visto. Entre todo el grupo pudiera haber cinco de que uno pudiera hacer objeción”. La fecha de la carta mencionada es el 27 de Noviembre de 1773.

El 29 de Noviembre de 1767, el judío Abraham Pereira Méndez –quien había sido engañado por uno de los suyos– escribió desde Charleston, a donde él había viajado para controlar mejor su carga Negra, una carta a Aarón López, que estaba en Newport: “Estos Negros, que el capitán Abraham All me entregó, estaban en tan miserable condición debido al inadecuado transporte, que me vi obligado a vender a 8 muchachos y muchachas por sólo 27 (libras), otros 2 por 45 (libras) y dos mujeres cada una en 35 (libras)” (sin duda, moneda inglesa).

Abraham Pereira Méndez estaba muy enojado y acusó a Aarón López de haberlo “trampeado”. Esta carta nos muestra que este último, el ciudadano generoso y refinado de Newport, era insaciable en su avaricia del dinero. Esto es lo que motivó al rabino Gutstein a presentar a este noble hombre, Aarón López, al estudiar sus censurables métodos: los Negros para él sólo eran artículos de consumo.

En todas las cartas que el “Instituto Carnegie” publicó, se recalca la carencia de simpatía humana hacia los pobres esclavos Negros. Esta carencia de sentimiento y compasión por los abusados y lastimeros Negros en las manos de sus traficantes judíos, puede ser leída en el diario de un capitán que tripuló un barco de Aarón López. Las anotaciones se refieren a un viaje desde la costa africana a Charleston. Además, son documentos auténticos, y llaman la atención sobre una organización de la cual antes se sabía poco o nada, y que no habían encontrado publicidad adicional en libros o periódicos. Por lo tanto, no debe sorprender el hecho de que la mayoría de judíos norteamericanos en la trata de esclavos pueda ser calificada como un monopolio, desconocido para los norteamericanos no-judíos, incluídas las grandes masas de personas de todo el mundo. Los otros, sin embargo, ya informados de los hechos, tenían buenas razones para permanecer en un miserable silencio.

El capitán de otro barco, el “Otelo”, entre otras cosas toma nota de lo siguiente en su diario:

  6 de Febrero: Un hombre se ahogó en el proceso de carga.

  18 de Marzo: Dos mujeres cayeron por la borda porque no habían sido encerradas.

  6 de Abril: Un hombre muerto de flujo excesivo (sin duda una enfermedad).

  13 de Abril: Una mujer muerta de flujo excesivo.

  7 de Mayo: Un hombre muerto de flujo excesivo.

  16 de Junio: Un hombre muerto por Kap Henry.

  21 de Junio: Un hombre muerto por James Fluss.

  5 de Julio: Una mujer muerta por fiebre.

  6 de Julio: Una muchacha, enferma durante dos meses, murió.

Este buque hizo su travesía durante cinco meses. Qué sufrimiento terrible e indecible fue el de estos millones de Negros, que fueron desgarrados con fuerza brutal desde sus acogedoras chozas africanas, apretujados como animales debajo de la cubierta, y luego vendidos con menor consideración que la venta de cabezas de ganado. Es poca maravilla que diez de ellos murieran en este solo viaje del “Otelo”, siendo comprados en África por sólo unos pocos dólares y luego vendidos en 2.000 dólares.

Algunos Negros pudieron, mediante insurrecciones, ganar el control de uno u otro barco y lo diridieron a toda vela hacia su hogar africano. La tripulación de un barco de esclavos, el “Three Friends” por ejemplo, torturó su carga Negra en tal manera que los Negros respondieron con una rebelión sangrienta. Ellos mataron al capitán y a toda la tripulación y lanzaron a los muertos por la borda. Ellos entonces navegaron de vuelta a África donde ellos se escabulleron hacia su esforzadamente ganada libertad.

Un destino similar golpeó el barco de esclavos “Amistad”. Entre los esclavos estaba el hijo de un jefe tribal. Una vez que el barco estuvo en curso, él tramó con sus compatriotas atacar a la tripulación del barco. Después de una batalla sangrienta, lograron capturar al capitán. El príncipe Negro le obligó a devolverse a África; luego por la tarde, al amparo de la oscuridad, el capitán cambió su curso, zigzagueando durante meses hasta que llegó cerca de la costa norteamericana, encontrando un barco del gobierno. Este ocurrió en el año 1839, cuando el comercio de esclavos ya estaba prohibido y era ilegal.

Los esclavos Negros fueron liberados y el capitán fue castigado. Estos viajes por mar no eran sin peligro cuando ellos tenían cargamento Negro, lo que explica el hecho de que los judíos casi siempre contrataban a capitanes no-judíos.

Los traficantes de esclavos preferían permanecer en sus oficinas contando las gruesas ganancias después de cada viaje, como Aarón López, que dejó a sus herederos una de las fortunas más grandes en la época de Nueva Inglaterra.

Cuando se examinan los hechos documentados contenidos aquí, es importante que uno siempre recuerde que era un capitán afortunado el que no perdía más del 50% esclavos en el viaje de vuelta.

Es igualmente importante recordar que estas pobres criaturas Negras tuvieron que yacer entre excrementos durante todo el viaje. ¡Piense en ello!. No sorprende que las dolencias y las enfermedades cobraran una cuota tan alta. Recuerde las cifras: aproximadamente ciento diez millones de personas Negras fueron capturados y sacados de su patria en África. Sólo ONCE MILLONES de estos esclavos Negros llegaron vivos a las colonias.

Y los judíos todavía hablan de los alemanes y de Hitler y de cómo seis millones de judíos fueron exterminados durante la Segunda Guerra Mundial. Ésta es la más grande MENTIRA alguna vez perpetrada sobre la gente del mundo –en tanto que la historia de los pobres esclavos Negros está documentada. Documentada con VERDAD. Las evidencias están todavía disponibles para que la gente del mundo las vea.

Cuando este documento sea distribuído, alcanzando finalmente las manos del judío, las pruebas serán probablemente suprimidas y destruídas hasta que finalmente toda la documentación que sea perjudicial para el judío sea removida. Los judíos han estado involucrados en esta práctica durante siglos. Sin embargo, la verdad, la verdad que contiene hechos, no puede permanecer encubierta o escondida para siempre; y más verdades están siendo reveladas por aquellos de nosotros que tenemos la intención de liberar a EE.UU. de estos hijos del diablo, los judíos.

La documentación publicada contenida aquí fue obtenida del Instituto Carnegie del Aprendizaje [Carnegie Institute of Learning], actualmente conocido como Instituto Carnegie de Tecnología [The Carnegie Institute of Technology], que está en Pittsburgh, Pennsylvania.

La siguiente es una lista parcial de los barcos de esclavos cuyos propietarios eran judíos:

“Abigail” de Aarón López, Moses Levy y Jacob Franks.

“Crown” de Isaac Levy y Nathan Simpson.

“Nassau” de Moses Levy.

“Four Sisters” de Moses Levy.

“Anne & Eliza” de Justus Bosch y John Abrams.

“Prudent Betty” de Henry Cruger y Jacob Phoenix.

“Hester” de Mordecai y David Gómez.

“Elizabeth” de David y Mordecai Gómez.

“Antigua” de Nathan Marston y Abram Lyell.

“Betsy” de Wm. DeWoolf.

“PoUy” de James DeWoolf.

“White Horse” de Jan de Sweevts.

“Expedición” de John y Jacob Rosevelt.

“Charlotte” de Moses y Sam Levy y Jacob Franks.

“Caracoa” de Moses y Sam Levy.

Portadores de esclavos, también pertenecientes a judíos, fueron “La Fortuna”, la “Hannah”, la “Sally” y el “Venue”.

Algunos de los judíos de Newport y Charleston que fueron contratados en la destilería o el comercio de esclavitud, o ambos, fueron: Isaac Gómez, Hayman Levy, Jacob Malhado, Naphtaly Myers, David Hart, Joseph Jacobs, Moses Ben Franks, Moses Gómez, Isaac Días, Benjamin Levy, David Jeshuvum, Jacob Pinto, Jacob Turk, Daniel Gómez, James Lucana, Jan de Sweevts, Felix de Souza (conocido como “el Príncipe de los Esclavizadores”, seguido sólo por Aarón López), Simeon Potter, Isaac Elizer, Jacob Rod, Jacob Itodrigues Rivera, Haym Isaac Carregal, Abraham Touro, Moses Hays, Moses López, Judah Touro, Abraham Méndes y Abraham All.

De aproximadamente 600 barcos que salían del puerto de Newport, más de 300 estaban involucrados en la trata de esclavos. Una carga típica de un barco, “La Fortuna”, era de 217 esclavos que costaban aproximadamente 4.300 dólares y eran vendidos en 41.438 dólares.

Sólo aproximadamente el 10% de los capitanes de barcos de esclavos era judío, no queriendo someterse ellos mismos a los rigores del viaje de 6 meses. Ellos prefirieron quedarse en casa y seguir sus operaciones de destilería, que continuaron suministrando el ron y el whisky a los indios durante muchos años y obeteniendo con ello enormes ganancias.

DOCUMENTACIÓN DE REFERENCIAS

Elizabeth Donnan, Documents Illustrative of the History of the Slave Trade to America, Washington D.C., 1930-1935, 4 vols.

“Carnegie Institute of Technology”, Pittsburgh, Pennsylvania.

Adventures of an African Slaver, by Malcolm Cowley, New York, 1928.

The Story of the Jews in Newport, by Rabbi Morris A. Gutstein.

The Jew Discover America, by Cthmar Krainz.

The International Jew, by Henry Ford.

The Plot Against the Church, by Maurice Pinay.

Protocol for World Conquest, 1956, by The Central Conference of American Rabbis.

Behind Communism, by Frank L. Britton

No podemos siquiera emprender esta breve historia del judío moderno sin tomar nota de un fenómeno que ha confundido a las sociedades de los no-judíos durante veinte siglos. Se trata de la capacidad del pueblo judío de conservar colectivamente su identidad a pesar de siglos de exposición a la civilización cristiana. Para cualquier estudiante del judaísmo, o para los judíos mismos, este fenómeno se explica en parte por el hecho de que el judaísmo no es ni principalmente una religión ni principalmente un asunto racial, y ni siquiera es simplemente un asunto de nacionalidad. Mejor dicho, son todos estos tres, es decir, una especie de trinidad. El judaísmo se describe mejor como una nacionalidad construída sobre los pilares gemelos de la raza y la religión. Todo esto está estrechamente relacionado con otro aspecto del judaísmo, a saber, el mito de su persecución. Desde que primero aparecieron en la Historia, encontramos a los judíos propagando la idea de que ellos son un pueblo abusado y perseguido, y esta idea es, y siempre ha sido, central en el pensamiento judío. El mito de la persecución es el adhesivo y el cemento del judaísmo: sin él, los judíos habrían dejado hace mucho tiempo de existir, no obstante su nacionalidad racial y religiosa.

Es un hecho que el pueblo judío ha sufrido numerosas privaciones en el curso de su historia, pero esto es verdadero de otros pueblos también. La diferencia principal es que los judíos han conservado el recuento. Debemos repetir: ellos han conservado el recuento; ellos han hecho una tradición de la persecución.

Una matanza ocasional de miles de cristianos no es recordada por nadie en 50 años, pero un menoscabo infligido sobre unos cuantos judíos es conservado para siempre en las historias judías. Y ellos cuentan sus infortunios no sólo entre ellos, sino también a un mundo compasivo.

Fuente

 

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