Trump y los judíos

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https://danipirata80.wordpress.com/2016/11/23/trump-y-los-judios/

Se estima que aproximadamente 300.000 estadounidenses judíos viven en Israel y están capacitados para votar en las elecciones americanas. De ellos, una buena parte reside en los asentamientos de los territorios palestinos ocupados, es decir son colonos.

Los medios israelíes han informado de que en las elecciones del 8 de noviembre, aproximadamente el 70 por ciento de los americanos judíos de Estados Unidos votaron por Hillary Clinton mientras que el 25 por ciento lo hizo por Donald Trump.

Un porcentaje casi exactamente invertido fue el que se registró en Israel entre los americanos judíos que votaron, donde el 75 por ciento votaron por Trump.

Estos datos muestran que la tendencia política de los judíos es opuesta en Israel y en Estados Unidos. Los americanos judíos de Israel se inclinan significativamente por Trump, al contrario de lo que ocurre con los judíos de Estados Unidos.

El principal lobby judío de Estados Unidos, el AIPAC, está en manos de los judíos de inclinación republicana que son favorables a las políticas más reaccionarias de Israel.

Los judíos americanos que emigran a Israel tienen una ideología más radical, de ahi que no extrañe que hayan votado mayoritariamente a Trump. Este sector de la población judía de Israel está más en sintonía con los lobbies judíos que con sus correligionarios demócratas de Estados Unidos.

La prensa americana e israelí ha señalado que las donaciones de los judíos en estas elecciones han estado muy repartidas. En el caso de Clinton, los cinco principales donantes han sido judíos. En el caso de Trump muchos de los mayores donantes también han sido judíos.

El mayor donante de Trump ha sido, con diferencia, Sheldon Adelson, un extrecho aliado de Netanyahu, que ha entregado a Trump un talón por valor de 25 millones de dólares.

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

¿QUIENES SON LOS JUDÍOS DEL CÍRCULO ÍNTIMO DE DONALD TRUMP?

OSEFIN DOLSTEN / El presidente electo Donald Trump tiene una historia complicada con los judíos. Por un lado, su hija Ivanka se convirtió al judaísmo ortodoxo antes de casarse con Jared Kushner, y ha hablado afectuosamente de tener nietos judíos.

SILVIA SCHNESSEL PARA AGENCIA DE NOTICIAS ENLACE JUDÍO MÉXICO – Por otro lado, algunos de los simpatizantes de Trump se identifican con elementos antisemitas del movimiento alt-right, y es un favorito del prominente supremacista blanco David Duke. El domingo, Trump nombró a Stephen Bannon -el ex presidente de Breitbart News, un sitio con vínculos con el alt-right- como su principal estratega en un movimiento que provocó rápidas críticas de la Liga Anti-Difamación.

Aún así, el grupo de asesores de Trump no está escaso de judíos. Mientras que el magnate de bienes raíces y la ex estrella de la televisión no puede nombrar oficialmente miembros de la familia a su gabinete debido a las regulaciones federales anti-nepotismo, he aquí una mirada a sus asesores judíos, sus opiniones y posibles funciones en su administración.

Jason Greenblatt

Greenblatt ha trabajado como abogado de bienes raíces para Trump durante 19 años, y es uno de los dos abogados judíos que Trump ha dicho que nombraría como sus asesores sobre Israel. Un judío ortodoxo y graduado de la Universidad Yeshiva, Greenblatt estudió en una yeshivá de Judea y Samaria a mediados de los años ochenta e incluso hizo guardia armada allí.

Padre de seis de Teaneck, Nueva Jersey, no tiene ninguna experiencia política. Greenblatt ha dicho que habla con personas involucradas en el gobierno israelí, pero no ha hablado con palestinos desde sus estudios de yeshivá. Citó al Comité de Asuntos Públicos de Israel como una de sus principales fuentes para mantenerse informado sobre el estado judío y ayudó a redactar el discurso de Trump en la conferencia anual del grupo de presión en marzo.

Greenblatt, quien ha dicho que apoya la solución de dos estados, ha implicado que Trump adoptará un enfoque más ‘laissez-faire’ (de no injerencia) para construir la paz.

“No va a imponer ninguna solución a Israel”, dijo Greenblatt a la Radio del Ejército de Israel la semana pasada. También dijo que Trump “no ve a los asentamientos judíos como un obstáculo para la paz”.

David Friedman

Junto a Greenblatt, Trump nombró a Friedman, de 57 años, como asesor sobre Israel. Friedman, experto en bancarrotas y socio en el bufete de abogados de Kasowitz en Nueva York, es abogado de hace muchos años del presidente electo. Hijo de un rabino conservador con antecedentes familiares de candidatos presidenciales republicanos, su familia recibió a Ronald Reagan para un almuerzo de Shabat en 1984, año en que ganó la reelección. Friedman vive en Woodmere, Nueva York, y posee una casa en el barrio Talbiyeh de Jerusalem, según Haaretz.

Friedman ha expresado dudas sobre el futuro de la solución de dos Estados, tradicionalmente un pilar de la política bipartidista de los Estados Unidos en la región. Antes de que el Partido Republicano aprobara una plataforma que omitiera referencias a la solución de dos Estados, dijo que podría ser el momento de que el partido rechace el concepto.

“La solución de dos estados podría ser una respuesta, pero no creo que sea la única”, dijo en julio.

Friedman también ha dicho que la anexión de Judea y Samaria (Cisjordania) no dañaría el estatus de Israel como estado judío.

Jared Kushner

Kushner, de 35 años, descendiente de una de las familias inmobiliarias más destacadas de Nueva York y, desde 2009, el marido de Ivanka, la hija de Trump, desempeñó un papel crucial en la campaña del presidente electo, especialmente con respecto a Israel. Él trabajó en el discurso de Trump para la conferencia anual de la política de AIPAC que ganó una victoriosa ovación de pie, y ayudó a planear un viaje a Israel para su suegro el año pasado. (Trump canceló el viaje después de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, criticara su llamado a prohibir la inmigración musulmana a Estados Unidos).

Trump parece estar herido con Kushner, a menudo refiriéndose a su “fantástico” yerno cuando se jactó de sus credenciales pro-Israel. Kushner, un judío ortodoxo que vive con su esposa y sus tres hijos en el Upper East Side de Manhattan, puede que se haya convertido en un nombre familiar durante la campaña, pero no es ajeno al foco de atención. En 2006, a los 25 años, compró el periódico Observer. Dos años más tarde se convirtió en CEO de la compañía de su padre, Kushner Properties, cuatro años después de que su padre fuera enviado a la cárcel por evasión de impuestos, donaciones ilegales a campañas y manipulación de testigos. En 2015, Fortune nombró a Kushner en su lista 40 Under 40, su “ranking anual de los jóvenes más influyentes en los negocios”.

Ivanka Trump

La hija de Trump, Ivanka, de 35 años, quien se convirtió al judaísmo ortodoxo, ha servido como el rostro pulido, más suave de la campaña de su padre. Una mujer de negocios exitosa cuya marca se centra en el empoderamiento de las mujeres trabajadoras, se mantuvo junto a él cuando se lanzaron las grabaciones que capturaron al presidente electo alardeando de las agresiones sexuales contra las mujeres.

Ivanka habría intentado -no siempre con éxito- que su padre bajara el tono o redujera algunos de sus comentarios más inflamatorios, incluso de haber llamado violadores a los inmigrantes mexicanos, según la revista New York.

Ella es la fundadora de Ivanka Trump Collection, una marca de moda y estilo de vida, y es vicepresidenta ejecutiva de desarrollo y adquisiciones de Trump Organization, la empresa de su padre. Ivanka, que dio a luz a su tercer hijo en marzo, pertenece a la sinagoga ortodoxa de Upper East Side Kehilath Jeshurun con Kushner y ha descrito a su familia como “muy observante”. Estuvo en la lista 40 de 40 de Fortune en 2014, un año antes de que su esposo.


Boris Epshteyn

Epshteyn, de 34 años, es un estratega político republicano y firme defensor de Trump, quien ha aparecido como sustituto del presidente electo en las principales cadenas de televisión más de 100 veces, informó The New York Times.

Epshteyn, banquero de inversiones y abogado de finanzas con sede en Nueva York, trabajó como ayudante de comunicaciones para la campaña presidencial del senador John McCain en 2008, concentrando sus esfuerzos en la candidata a senadora de Arizona, Sarah Palin, para secretaria de Interior, según Politico.

Epshteyn, nativo de Moscú, se trasladó a los Estados Unidos en 1993. Habla ruso fluido y ha moderado un panel de fomento de la inversión en Moscú, que puede servir como un activo para Trump en sus relaciones con Rusia – Trump ha expresado su deseo de mejorar los lazos con el presidente Vladimir Putin.

Una vez más, el temperamento de Epshteyn puede hacer que sea menos activo para Trump. Los anfitriones de la TV lo describieron como “muy combativo” y “abrasivo”, y en 2014, Epshteyn fue acusado por un delito menor de asalto después de estar involucrado en una pelea de bar. La acusación fue abandonada después que Epshteyn accediera a someterse a un entrenamiento de manejo de la ira y realizar servicios comunitarios.

Stephen Miller

Miller, de 30 años, ha jugado un papel crucial en la campaña de Trump, ayudando a calentar las multitudes en manifestaciones y redactar discursos, incluido el discurso de aceptación del presidente electo en la Convención Nacional Republicana.

Miller, que se ha descrito a sí mismo como “judío practicante”, se unió a la campaña de Trump en enero, subiendo rápidamente por las filas para convertirse en “una de las personas más importantes de la campaña”, dijo el director de campaña de Trump al Wall Street Journal. Anteriormente trabajó durante siete años como ayudante del senador Jeff Sessions, de R-Ala., ayudando al legislador a dieñar materiales para matar un proyecto de ley bipartidista de reforma migratoria del Senado. Algunos de los argumentos de las Sesiones contienen similitudes con las duras y frecuentemente polémicas declaraciones de Trump sobre el tema, tales como pedir la construcción de un muro en la frontera mexicana y prohibir la inmigración musulmana al país.

Aunque Miller creció en un hogar judío liberal en el sur de California, se sintió atraído por las causas conservadoras muy pronto. Como estudiante de secundaria escribió una carta al editor de un periódico local en el que criticó a su escuela por proporcionar condones gratis a los estudiantes y por hacer anuncios tanto en inglés como en español, entre otras cosas.

Steven Mnuchin

Mnuchin, ex ejecutivo de Goldman Sachs, trabajó como presidente de Finanzas Nacional de Trump durante la campaña con el objetivo de recaudar más de mil millones de dólares para el candidato.

Trump y Mnuchin han sido amigos durante 15 años, y antes de estar a cargo de las finanzas de campaña de Trump, Mnuchin sirvió como asesor. Parte de lo que The New York Times describe como una de las “familias más influyentes” de élite de Manhattan, Mnuchin y su padre se enriquecieron trabajando en Goldman Sachs. El joven Mnuchin también cofundó la compañía de entretenimiento RatPac-Dune Entertainment, que ha trabajado en éxitos de Hollywood como “Avatar” y “Black Swan”.

Algunos vieron a Trump unirse a Mnuchin como algo inusual, considerando que el magnate inmobiliario había atacado constantemente a Goldman Sachs. Pero no pareció interponerse en el camino de una buena relación de trabajo – se cree que Trump ahora considera a Mnuchin para el puesto de secretario del Tesoro, de acuerdo con Politico.

Lewis Eisenberg

Eisenberg, el jefe de capital privado de Granite Capital International Group, sirve como presidente de finanzas para el Comité Nacional Republicano. Era uno de un pequeño grupo de miembros republicanos de la Junta de Coalición Judía que no huyeron de la candidatura de Trump y fue un importante contribuyente a los grupos que respaldaban la elección de Trump – sólo nueve de los 55 miembros de la junta directiva de RJC dieron apoyo a Trump. Junto con Mnuchin, trabajó para recaudar fondos para el candidato.

Eisenberg creció en Nueva Jersey, informó el Forward, y ha sido propuesto como posible seleccionador para el secretario de comercio en el gobierno de Trump. Era presidente de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey en el momento de los ataques terroristas del 11 de septiembre en el World Trade Center.

Eisenberg dijo a JTA que estaba “extremadamente entusiasmado” con la presidencia de Trump, llamándolo “un fuerte defensor de Israel, un fuerte defensor de la justicia y el orden”.

Michael Glassner

Glassner no era nuevo en las campañas presidenciales republicanas cuando Trump lo nombró el año pasado para servir como su director político nacional. Trabajó como director de operaciones vicepresidenciales para la campaña de McCain en 2008 y dirigió la campaña de Geogre W. Bush en Iowa en 2000. También ha trabajado con Palin y el senador Bob Dole, ex candidato presidencial.

Como muchos de los asesores judíos de Trump, Glassner es franco en su apoyo a Israel. Antes de unirse a la campaña de Trump, trabajó como director político para el Southwest Regional de AIPAC. Glassner ha elogiado el movimiento anti-establishment, y le dijo a Jewish Insider que su experiencia con Palin y el hecho de vivir en Nueva Jersey, no Washington, D.C., lo hizo idóneo para el mensaje político de Trump. También fue consejero principal de Eisenberg cuando era presidente de la Autoridad Portuaria.

Fuente: JTA – Traducción Silvia Schnessel – © EnlaceJudíoMéxico

La degenaració de les festes populars

https://veudetramuntana.wordpress.com/2016/08/03/degeneracio-festes-populars/

Amb l’arribada de l’estiu atraquen també la majoria de festes populars, o així volen anomenar-les, tot i que quadra més “festes populistes”. Festes que avui dia, malgrat el nom, no pretenen unir el poble en un ambient realment popular; sinó transformarles per crear un ambient populista, és a dir, segons el gust majoritari de la gent, que a dia d’avui no té res a veure amb el Poble.
Hi ha algunes excepcions de festes majors on encara es guarda una mica de folkloritat com al Sant Joan de Ciutadella o al Firó de Sóller entre d’altres, però al cap i a la fi no són més que un pretext, sense una implicació real, per a una posterior alcoholització i prostitució cultural que es carreguen l’ésser de les festes.

Una festa popular passa a ser una simple “festa populista” en el moment que no manté uns mínims, almenys, de caràcter tradicional. Les festes actuals es caracteritzen en general, pel que fa al tema musical: jazz, regueatton, electrònica i suposada música catalana degenerada en l’ska i rumba, acompanyats d’una desenfrenada alcoholització. El pla artístic és fàcilment confusible amb els tallers de pintura infantils, sense voler insultar als nens, que com encara no els han infestat de postmodernisme les seves pintures porten més treball i són més realitzades i boniques que les exposicions adultes d’art abstracte i simplista que tant està de moda. Potser els únics ambients que conserven dignitat siguin el gastronòmic i l’esportiu.

 

“La tradició és la transmissió del foc, no l’adoració de les cendres.”  Gustav Mahler

El Poble és inamovible, la seva tradició i cultura no depenen de canons moderns, sinó de la seva forja durant segles i ha de mantenir-se fèrria per tant d’assegurar la seva existència enfront de la degeneració dels sistemes liberals. Que amb l’afany de crear una massa mundialitzada, més feble i manipulable, pretenen destruir les idiosincràsies nacionals  a través de valors individualistes y la multiculturalització.

Tornarem a veure festes impregnades d’esperit, amb música pròpia de la terra i balls, exposicions de veritable art, amb jocs i bona gastronomia local…? Festes realment populars, o per a l’opinió pública això és massa retrògrad?

No hi ha més culpables que els governs i educació que seguint el precepte liberal, han apostat per un model de valors basat en l’hedonisme i llibertinatge atemptant així contra el funcionament i futur de la nostra nació tal com la coneixíem, sense oblidar-se de les associacions culturals que per no anar contra l’opinió pública han deixat picar i podrir la nostra cultura.

 

V. Ros

La Tradición Romana: Julius Evola y Guido De Giorgio

http://www.hiperbolajanus.com/2016/05/la-tradicion-romana-julius-evola-y.html

Durante la década que comprende los años 1924 a 1934 hubo en Italia un desarrollo importante de las corrientes tradicionalistas, con la emergencia de representantes de gran valía dentro de las mismas, como bien pudieran ser Julius Evola, Arturo Reghini o Guido De Giorgio, junto con otras figuras de menor importancia que colaboraron activamente con publicaciones e iniciativas culturales de diversa impronta. El cometido de este artículo no es más que sondear aspectos generales de esta época, la cual fue especialmente fecunda dentro del Tradicionalismo, y que eclosionó, especialmente en los casos de Evola y De Giorgio, a la sombra de René Guénon, que pese a que siempre renunció a la posibilidad de tener a discípulos y continuadores de su doctrina siempre fue algo que rechazó de forma expresa. En el caso de Reghini es evidente que sus motivaciones y los referentes intelectuales de su obra tenían su origen en el siglo XIX, en la masonería y  las ideas ligadas al Risorgimento italiano. Por otro lado, podemos hablar de «Tradicionalismo Romano» en la medida que existía un ambiente intelectual y una serie de cenáculos y lugares de referencia en los que se veía renacer la función Tradicional de Roma vinculada a una guía o dirección de nuestro siglo.

Durante estos años, y bajo el influjo permanente de los escritos de René Guénon surge, primero como un artículo de la revista Atanor, en 1924, y posteriormente como libro, concretamente en 1927, El rey del mundo. Un año después, en 1928, tendría lugar la publicación de otra obra de vital trascendencia; Imperialismo pagano, de Julius Evola, quienes representaban ya en aquella época dos mentalidades y formas de interpretar el mensaje de la Tradición desde polos más o menos diametrales, aunque con un punto de confluencia donde, finalmente, habrían de congeniar. Mientras Guénon trataba de encontrar aquellos centros espirituales y supremos, con sus respectivos puntos de referencia al margen de todas las vicisitudes temporales, Evola reclama una idea de Tradición estrechamente vinculada a la historia italiana y sus devenires temporales. De todos modos, la obra de Guenon permanece como imprescindible en la medida que hace referencia a los Principios últimos, muy necesarios en su comprensión, y que no pertenecen al ámbito de lo contingente en sus aplicaciones. El libro de Evola, mucho más relacionado con ese ámbito de la contingencia se presenta con una función y un cometido claro y contundente: afirmar, merced a la sapiencia itálica y pagana, la irrenunciable función imperial de la Roma precristiana, la cual tratará de hacer confluir con los intereses mismos de la «Revolución Fascista» y además persigue, con igual tenacidad, la resurrección de la esencia misma de la Romanidad, en sus términos clásicos e imperiales, con la intención de regenerar espiritualmente a la Italia de su tiempo, aquella que estaba bajo el mandato de Benito Mussolini.

Durante estos años, entre mediados de los veinte y casi la mitad de los treinta, Evola se encuentra a la expectativa respecto al cometido del fascismo, a sus posibilidades reales como representante cualificado de las ideas Imperiales y Tradicionalistas, frente a la Europa de las democracias liberales, que asumiendo la terminología gibelina del Medievo, califica como representantes de la ideología guelfa. En este sentido Evola se ve como un intérprete del fascismo pero desde fuera, sin pertenecer oficialmente, y en sentido estricto, a la jerarquía misma del régimen. Para el pensador romano el fascismo debía erigirse como líder hegemónico e incontestable de la Tradición mediterránea, como generador de un Principio aristocrático capaz de revivir la naturaleza iniciática y realizadora de antiguas corrientes sapienciales. Solamente de esta manera sería posible volver a forjar una Europa con referentes cualificados y válidos y, en definitiva, con una élite intelectual en el sentido Tradicional del término. Se trata del concepto de Imperium como fundamento Trascendente, que el fascismo mussoliniano debía asumir.

Como hemos comentado la anti-Europa, aquella que representa valores descendentes y de subversión es la que viene determinada por el güelfismo, y que, como en el contexto del conflicto de las investiduras, nos remite al papel de la Iglesia. El Cristianismo como tal es considerado como el comienzo del fin del Imperio Romano, un factor clave en la decadencia y destrucción de éste a nivel material y de estructuras así como a nivel de símbolos y aquellos elementos que estaban en conexión con lo Trascendente. Además cuando Evola nos habla del cristianismo en Imperialismo Pagano hay que entender que no nos habla solamente de una cuestión propiamente doctrinal, sino que establece una conexión directa entre el cristianismo histórico y todos los procesos disolutivos que desde la Reforma Protestante a la Revolución Francesa, pasando por el desarrollo del anarquismo y el bolchevismo, y el modelo de sociedad anglosajona han conducido, de forma inexorable, a la edad moderna como tal. Frente a todos estos procesos destructivos existe lo que Evola concibe como la Tradición Mediterránea y una cadena ininterrumpida de Misterios y secretos que se han ido transmitiendo en el devenir de los siglos que preceden al advenimiento del cristianismo. Evola no dudo un momento en reclamar al fascismo la restauración de la Italia pagana e imperial, así como la renuncia hacia toda suerte de tradición cristiana y católica, la cual es considerada por el pensador romano como totalmente desprovista de elementos tradicionales. Esta misma idea la mantendrá viva durante largo tiempo. De hecho, en Revuelta contra el mundo moderno sitúa el síncope de la Tradición europea occidental en el ascenso del cristianismo. Incluso durante los años de la constitución del Grupo de Ur, en los que Evola apuesta por la magia, se sigue manteniendo la idea de la existencia de un centro sagrado e iniciático, vinculado a la Tradición Romana, que podría mantenerse vivo hasta nuestros días. De igual manera encontramos en la figura de Guido De Giorgio ideas muy similares, y éste creía en la existencia de un centro oculto e inaccesible consagrado al culto de Vesta.

Evola mantiene un discurso constante en el que asocia todas las formas de decadencia europea actuales, en lo que se refiere a mentalidades, estructuras sociales, en la filosofía y la ciencia positiva así como en las supersticiones de nuestro tiempo, que relaciona de forma indefectible con el cristianismo. En este sentido Evola hace una acusación directa al Cristianismo, y habla de éste como portador de una forma de «ascesis bolchevique», y más concretamente bajo lo que está en el origen del cristianismo, como es el concepto de ecclesia, entendida como una mística de la comunidad que subvierte todo el conjunto de valores jerárquicos e imperiales del mundo antiguo greco-romano. De ahí que el fascismo tuviese entre sus más importantes funciones destruir el cristianismo y apostar por una restauración pagana para salvar a Italia y a Europa de la hecatombe final. Evola busca claramente la confrontación llevada al extremo de un principio gibelino e imperial frente a otro güelfo y vaticano, es en este enfrentamiento donde se debe dirimir el destino de Europa, o bien hacia su renacimiento y cima o hacia su destrucción y ocaso. No obstante, es esencial aclarar también que al hablar de Imperio Evola no se remite a la concepción moderna del término, no habla de las categorías profanas y materiales del imperio, de la forma en la que modernamente se ha concebido tal término, al cual es totalmente opuesto en su formulación burguesa e industrial, y que nada tiene que ver con las modernas formas de colonialismo promocionadas por el capitalismo en sus estadios más desarrollados. Es evidente que los pactos lateranenses de 1929 fueron contrarios a las expectativas que se había generado el propio Evola, y que el fascismo decidió apostar por la vía güelfa de la anti-Europa de la que el propio autor romano había hablado en Imperialismo pagano. En este sentido los reproches del pensador romano hacia el fascismo estaban encaminados a denunciar que éste no poseía una espiritualidad y cultura propia. La idea de Imperio universal y gibelino implica ante todo la asunción de un principio de autoridad del Estado sobre la Iglesia, pero no desde una perspectiva anti-clerical o anti-espiritual, tal y como ocurre a día de hoy, sino desde la comprensión profunda del cristianismo a nivel doctrinal, entendida en su dimensión exotérica y popular, como una forma de «realidad espiritual» tolerada y adaptada a determinados estratos sociales, pero en ningún caso depositaria de las formas trascendentes y metapolíticas que sí representa la Tradición Mediterránea. Esta idea es tomada directamente de Guénon en el aspecto de entender la Tradición como una realidad unitaria de base netamente metafísica y sapiencial, estableciendo a su vez la idea de la existencia de distintos niveles y estadios jerárquicos en su realización, generando así una pluralidad de formas de realización espiritual. La postura de otros tradicionalistas romanos, como es el caso de Arturo Reghini, es totalmente concordante con aquella de Evola, al presentar la Tradición como una realidad inmutable, aunque en su caso la Tradición Mediterránea está en conexión directa con las enseñanzas pitagóricas. Pese a todo Reghini es, evidentemente, mucho más heterodoxo que Evola o De Giorgio, especialmente en la medida que concibe como parte de la Tradición ideas, movimientos y personajes que forman parte del marco histórico y temporal incluyendo a católicos, liberales, socialistas y hombres de poder que van desde Maquiavelo, Napoleón o Garibaldi o corrientes laicistas y anticlericales, que lo ubican en un espacio y realidad completamente antitético respecto a los grandes autores de la Tradición Perenne.

El otro gran representante de la Tradición Romana es Guido De Giorgio, el principal discípulo del pensamiento de René Guénon en Italia, un hombre oscuro, tanto en su trayectoria vital como en aquella intelectual, de una moral espartana, y definido por el propio Evola como un «iniciado en estado salvaje». Su principal obra, La Tradición Romana, fue publicada póstumamente, en el año 1973, y todavía a día de hoy existen obras inéditas del autor, que no han visto la luz todavía. Las premisas del pensamiento de Giorgio, como ocurre con Guénon, parten de un punto de vista absoluto, metafísico, sacro y Tradicional. No obstante su visión de la Tradición como tal cuenta con la confluencia de muy variadas influencias, entre las cuales podemos encontrar a los neoplatónicos, cristianos, hinduistas y musulmanes. A las citadas fuentes que nutren su pensamiento podemos añadir una peculiar forma de escribir, muchas veces teñida de una cierta iluminación, de una intuición muy sutil, y lo enigmáticos que resultan muchos de los pasajes de su obra. Un ejemplo de esta confluencia de ideas y doctrinas la vemos en sus consideraciones, de matiz claramente cristiano, en las que habla de la fe como la base de la Tradición por excelencia, al tiempo que contempla la concepción no dualista del Principio Supremo en lo que es un concepto de impronta hinduista. Sin embargo, la perspectiva islámica es la que toma mayor protagonismo en el conjunto de sus ideas, y es precisamente en base a esta visión de lo Absoluto a través del filtro de la doctrina islámica, la forma en la que De Giorgio comienza a edificar su Tradicionalismo Romano. Lo más llamativo de todo es que Guido De Giorgio jamás se convirtió al Islam, pero sin embargo, hay ideas relacionadas con éste, que son recurrentes en sus escritos. La idea fundamental que vertebra a través de las doctrinas esotéricas islámicas es aquella de la inefabilidad del Principio Supremo, la idea de la unicidad en el principio de la Creación y la ruptura de ese Principio a través de la acción del pecado, que actuando a través del hombre, rompe esa armonía. El mundo es Dios porque Él contiene al mundo en sí, y al mismo tiempo si el hombre se mantiene como tal se mantendrá asimismo ese principio de dualismo en el mundo. Se trata de una idea de clara inspiración sufí. En el límite de lo inefable se encuentran los defensores de lo Inaccesible, los santos de Dios que son los maestros y guías de la Realidad Suprema. De modo que es ese Principio de Unicidad el que resuelve cualquiera de las cuestiones doctrinales y metafísicas que puedan derivarse de otras fuentes como el cristianismo o el hinduismo.

De todos modos, lo fundamental es conocer cómo concibe De Giorgio la vuelta de Occidente al ámbito de la Tradición, y en este sentido, pese a las influencias del islamismo sufí, De Giorgio piensa en la vuelta a una Tradición propiamente romana y cristiana, al margen de otro tipo de influencias ajenas a su desarrollo histórico. A diferencia del anti-cristianismo de Evola, en el caso de De Giorgio hay un puente y una vía de entendimiento que reconcilia a la religión romana con el cristianismo en el contexto de una Roma que tiene una función metafísica y Trascendental de primer orden. En este contexto hay una serie de elementos simbólicos que nutren la citada función de la ciudad eterna, y es el caso del símbolo del Jano, que se completa en un contexto más amplio, con aquel simbolismo universal de la cruz del que nos habló Guénon en su momento. Por otro lado, Dante Alghieri representa la expresión más elevada y genuina de la Tradición Romana, quién representa a ojos de De Giorgio el aglutinador de las dos tradiciones de Roma; la pagana y la cristiana. Roma representa para nuestro pensador la función de centro mediador entre Occidente y Oriente, de equilibrio entre la vida contemplativa y aquella activa. Roma permite, a través de Eneas y Cristo, la realización de un principio de universalidad que la convierte en el faro de Occidente, y mientras Roma viva también vivirá la Tradición en Occidente. Pese a que De Giorgio coincide con Guenon al considerar la existencia de una Tradición Primordial, unitaria y sagrada en los comienzos, de la cual las restantes no son sino derivadas, considerada fundamental la función sagrada de Roma a través de sus símbolos, los cuales va desgranando en su obra cumbre La Tradición Romana y de la cual hablaremos en próximas entradas.

 

En conclusión el horizonte intelectual y las reflexiones acerca de la Tradición en la Roma del periodo de entreguerras nos ofrece un panorama rico y variado en cuanto a la producción de obras, ideas y doctrinas. Hoy hemos repasado algunos aspectos fundamentales de las obras de Evola y De Giorgio, teniendo siempre presente la enorme influencia que René Guénon tuvo en su momento, y sigue teniendo a día de hoy, sobre cualquier reflexión intelectual y metafísica sobre la Tradición Perenne.

De la canibalización de la izquierda por parte del igualitarismo

https://experimentoaschoccidental.wordpress.com/2016/04/25/de-la-canibalizacion-de-la-izquierda-por-parte-del-igualitarismo/#more-7228

En los países comunistas:

  • Se fomentaba el patriotismo, la disciplina y el orden
  • Nunca hubo cuotas raciales, religiosas o de género
  • Nunca se fomentó el feminismo
  • Nunca se fomentó la homosexualidad

Hoy en día vemos como la izquierda occidental nos impone, en nombre del igualitarismo, el lenguaje políticamente correcto, el buenismo, la inmigración masiva, la tolerancia hacia la islamización, el feminismo radical, orientaciones sexuales alternativas, … así como la defensa de las minorías en perjuicio del autóctono.

Pero, si la izquierda defiende vehementemente estas políticas, calificadas erróneamente como marxismo cultural, (como en el artículo anterior explicamos) será porque en los países comunistas de antaño, como la Unión Soviética, se implantaron esas políticas ¿o no? ¿Podría ser que se hubiese subvertido la ideología original, tal y como expliqué en articulo anterior mediante la transustanciación política?

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Disciplina y orden

Lejos de los hippies que nos encontramos hoy en día en la izquierda actual, en la Unión Soviética así como el resto de los países comunistas la disciplina era la norma: el orden era de gran importancia dentro de la burocracia soviética. Lejos de la imagen del internacionalismo socialista (gente de todas partes del mundo dándose la mano y cantando lumbayá, …) se fomentaba el patriotismo y el militarismo desde muy jóvenes, no en vano el ejercito rojo fue uno de los más temidos de la historia.

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¿Creéis que con los progres, perroflautas y pacifistas que pululan por la izquierda de Occidente se podría conseguir algo así? Claro no, era la guerra fría, había dos superpotencias enfrentadas dispuestas a aniquilarse a la primera oportunidad que tuviesen, por lo que un pacifismo melifluo o la ridiculización del militarismo habría significado su desaparición.

hippie

Por otra parte, las drogas en los países comunistas estaban prohibidas pues se consideraban un técnica de los occidentales para “quebrar al pueblo”. Hoy en día, es difícil encontrarse a un izquierdista que no apoye la legalización de las drogas y que no este “fumado” mientras lo haga.

Extraño que el pensamiento se haya invertido, pues esto solo es el principio…

Homosexualidad en los Estados comunistas

Hoy en día, toda la izquierda occidental apoya al colectivo LGTB, conformado por homosexuales, transexuales, gays, lesbianas, … acusando (¡como no!), de “fascistas” a quien se oponga al matrimonio homosexual, así como más derechos (léase privilegios) para las minorías de ta  orientación sexual. Pero ¿era la homosexualidad aceptada en el comunismo?

El comunismo persiguió durante toda sus historia la homosexualidad. En ningún Estado fue aceptado, fue desde considerado una enfermedad, hasta un delito y con penas castigadas hasta con cárcel. Veamos algunos ejemplos:

  • Engels (junto a Marx el creador teórico del comunismo) criticaba ferozmente la homosexualidad masculina por relacionarla con la pederastia de la antigua Grecia.
  • En la URSS, tras el triunfo de la revolución rusa de 1917, Lenin despenalizó la homosexualidad, el divorcio y el aborto. Pero ya en 1933 Stalin volvió criminalizarla (Artículo 121) considerando la homosexualidad una “enfermedad”.  La homosexualidad era un crimen punible con hasta 5 años de cárcel y trabajos forzados. Decenas de miles de homosexuales fueron enviados al Gulag. Esta ley se mantuvo hasta la disolución de la Unión Soviética, y no fue repelida hasta 1993.
  • China consideró la homosexualidad un enfermedad mental hasta el año 2002, siendo descriminalizada en 1987.
  • La República Socialista de Albania castigó la homosexualidad con prisión, ostracismo social hasta 1995
  • En Corea del Norte la homosexualidad es un tema tabú y se relaciona con la cultura occidental, como clasista y promiscua.
  • Cuba consideraba a los homosexuales y al movimiento LGTB en general como “contrarrevolucionario” y un peligro para el orden militar. Fidel Castro en persona los llamaba maricones y los consideraba, cito textualmente, agentes del imperialismo, y una desviación que choca con el concepto de cómo tiene que ser un militante comunista. El tan idolatrado Che Guevara también hizo frecuentes comentarios despectivos contra los homosexuales. Las leyes contra la sodomía se mantuvieron en Cuba hasta 1979.

El mismo Stalin, dictador de la URSS, consideraba la homosexualidad como un vicio burgués y una perversión fascista, idea repetida por los socialistas y comunistas españoles antes de la guerra civil.

Este pensamiento fue compartido por los comunistas alemanes, entre ellos Marx y Engels, que consideraban la homosexualidad propia de las clases altas, de los burgueses y los liberales. De hecho, los comunistas alemanes se mofaban de las tendencias homoeróticas  de los nazis (el culto al cuerpo masculino, …) y los chistes sobre la condición sexual de los nazis eran frecuentes. Llegaron a tener como lema: Erradicando a los homosexuales, desparecerá el fascismo.

Más adelante, y concretamente desde EEUU durante la guerra fría, se fomentó la idea de que la homosexualidad y el comunismo estaban unidos, presunción sin ningún tipo de base histórica. ¿Otro intento de USA de manipular la política internacional?

¿No os parece curioso que, siendo el comunismo totalmente contrario a la homosexualidad, la izquierda actual siempre lo apoye fanáticamente? Estamos nuevamente ante un caso de transustanciación política.

Más en: https://en.wikipedia.org/wiki/Communism_and_homosexuality

Feminismo en la URSS

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Tras la revolución bolchevique de 1917 se legalizó el divorcio y el aborto, así como la cohabitación dando comienzo a una revolución sexual. Pero los propios bolcheviques comunistas vieron pronto que esa “liberación” estaba trayendo consecuencias nefastas para la sociedad: Se produjeron muchas rupturas matrimoniales así como un gran aumento de los niños nacidos fuera del matrimonio. La epidemia de divorcios y relaciones extramaritales dañaba a la sociedad, en un país concentrado en mejorar su maltrecha economía. Darle a las mujeres el control sobre su sexualidad trajo consigo un drástico descenso de la tasa de natalidad (¿os suena de algo con lo que ocurre ahora en Occidente?), lo cual fue percibido como una amenaza para el poder militar de la nación, la cual necesitaba nuevas soldados para el Ejercito Rojo. En 1936, Iosef Stalin revirtió la mayoría de las leyes liberales, promoviendo a partir de entonces una actitud conservadora y pro-natalista.

Para que os hagáis una idea:

  • la Unión Soviética impuso una tasa del 6% para las mujeres y hombres que no tuvieran hijos. Ver Tax on childlessness
  • En la Polonia comunista se aplicó un tasa parecida llamada bykowe (toro en polaco, una forma de llamar a los hombres solteros)
  • el gobierno comunista de Rumanía de Ceaușescu llego a´más lejos que ningún otro: restringió severamente el aborto y los anticonceptivos por su política natalista bajo la idea de que “el feto era propiedad del Estado”. Los ginecólogos controlaban a a las mujeres mensualmente para ver si estaban embarazadas. Rumanía experimentó un baby boom. Ver decreto 770

Mientras, la izquierda europea sigue con la misma política demográfica suicida de fomentar el feminismo radical trayendo consigo un hundimiento de la natalidad (con la consiguiente “necesidad” de importar inmigrantes para pagarnos las pensiones), más número de madres solteras, y familias desestructuradas.

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Cierto es que en la URSS era legal el aborto (con reservas) y el divorcio, ¿pero acaso no lo es en todos los países occidentales? Muchas mujeres rusas trabajaban también, no obstante, mantuvieron una política natalista y de cohesión familiar. El proletariado necesitaba una familia estable.

Más en: https://en.wikipedia.org/wiki/Women_in_the_Russian_Revolution

Cuotas de género y raciales

Las cuotas raciales, de género y religiosas son ahora una realidad en prácticamente todos los países occidentales, donde se aplican políticas de “discriminación positiva“, estas políticas son fomentadas desde la izquierda como si fueran medidas históricas de su ideología. Una vez mas, la situación en la URSS y en otros países comunistas era distinta.

En los países comunistas no hubo cuotas raciales ni de género. Había cuotas de producción y planes quinquenales, pero eso es otra cosa. Es más, en el caso de las Unión Soviética que tratamos, la inmensa mayoría de los dirigentes eran rusos, y las regiones donde otras etnias (tártaros, chechenos, letones, alemanes del volga, …) eran mayoría, procedieron a ser rusificadas, no sólo lingüística y culturalmente, sino llevando incluso rusos étnicos de otras zonas a esas regiones.

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En el caso de la mujer, cierto es que se apoyó el “mismo salario para el mismo trabajo” y si bien la mujer trabajaba, la cúpula del partido comunista soviético, así como la inmensa mayoría de burócratas, eran hombres. Aplicar cuotas de género para luchar contra el “machismo”, era algo impensable. ¿Cuantos dirigentes soviéticos fueron mujeres? Ahí lo tenéis.

Inmigración

¿Cuantos refugiados ves en Rusia? ¿Cuanta inmigración hay en Corea del Norte o Vietnam?

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Los países comunistas siempre fueron países herméticos: el miedo a ser invadidos y la entrada de espías extranjeros forzaba al Estado a tener un control fronterizo muy estricto. Hoy en día la izquierda habla de “un mundo sin fronteras”, de abolir las vallas, … pero que se lo pregunten a los ciudadanos que intentaban saltar el muro de Berlin. Eran disparados ipso facto.

 

 

Rusia alberga en su seno muchas minorías étnicas y religiosas, incluidos musulmanes, pero son minorías autóctonas, nunca abrieron las fronteras tal y como hoy fanáticamente piden los izquierdistas. Por algo, como hablamos en el artículo sobre marxismo cultural, los países ex-soviéticos son los que menos inmigración tienen de Europa.

Islam y minorías religiosas

StalinMuyGraciosoAlGulag.jpg¿Os imagináis al sanguinario Stalin cediendo ante los musulmanes por miedo a “ofender” sus costumbres y religión? ¿Os imagináis a alguno de los altos jerarcas del Ejercito Rojo aplicando leyes para introducir la religión en la educación pública? ¿A minorías exigiendo que todo un país se adapte a sus costumbres? Irían directos a Siberia. Como todos sabemos, en la URSS la religión se consideraba el opio del pueblo, la religión no sólo estaba fuera de la educación publica, sino que se desincentivaba. El islam no fue una excepción, muchos pueblos del cáucaso, tártaros, chechenos, … (todos ellos musulmanes) fueron deportados a los lejanos urales, como castigo por su rebelión contra la revolución rusa así como por aliarse con el enemigo durante la II guerra mundial.

Durante el periodo estalinista, el número de mezquitas del cáucaso pasó de 25,000 en 1917 a unicamente 500 en 1970. Las autoridades soviéticas persiguieron a los clérigos islamistas, y las mezquitas fueron clausuradas transformándolas en almacenes. En esa época no había las “ofensas” al islam o conceptos como “islamofobia”.

La izquierda actual en cambio, por miedo a ser políticamente incorrectos, aprueba leyes que coartan la libertad de expresión para no “ofender” al islam y otras minorías. Cambian las leyes para adecuarse a sus costumbres: el hiyab en la escuela, comida halal, … y demás. Otra inversión política, ¿Pero que ha pasado?

Más en:

https://en.wikipedia.org/wiki/Islam_in_the_Soviet_Union
https://en.wikipedia.org/wiki/Religion_in_the_Soviet_Union#Policy_towards_Islam
https://en.wikipedia.org/wiki/Islam_in_the_Soviet_Union#Ethnic_cleansing

Organización territorial y centralismo

Los países comunistas han sido los Estados más centralistas del mundo. En eso no hay discusión. En Moscú se tomaban las decisiones para toda Rusia, así como en el resto de los repúblicas soviéticas, y eso que hablamos de Rusia, un país enorme con grandes diferencias culturales, lingüísticas e históricas. Ya sea controlando Rusia desde Moscú,  Corea del Norte desde Pionyang, Vietnam desde Hanói, o Cuba desde la Habana, los miembros del partido comunista controlaban el país por completo, por ello el aparato burocrático de la URSS era gigantesco, pues de él dependían todas las decisiones. No en vano descentralizar el poder suponía, según sus teóricos, una desviación del camino único para llegar del socialismo al comunismo.

En cambio, la izquierda europea actual pelea siempre por descentralizar el Estado, por conceder a las regiones o partidos separatistas más y más competencias, todo lo que sea centralismo les suena a “fascista”, así que tratan por todos los medios de tener un Estado residual donde el partido que gane, para intentar gobernar, tenga que “dialogar” con los provincias, comunidades, municipios … hasta para tomar las más nimias decisiones. ¿Será posible que la izquierda occidental desconozca su propia historia?

Más en:
https://es.wikipedia.org/wiki/Centralismo_democrático
https://en.wikipedia.org/wiki/Democratic_centralism

¿Os dais cuenta de que los a si mismo llamados socialistas o izquierdistas promueven políticas que, no sólo no se implantaron nunca en los países comunistas, sino que incluso estaban en contra de ellas?

Regressive left: La izquierda retrograda de Occidente

La izquierda igualitarista actual ha sido definida con varios epítetos: progres, buenistas, bobos… el término que se usa últimamente con ellos es regressive left o izquierda retrograda: consistente en izquierdistas que, en la defensa de lo políticamente correcto, toleran e incluso defienden cualquier “costumbre” de otras culturas, incluyendo el fanatismo religioso, como el trato hostil a las mujeres, la homofobia, por el miedo a “ofender” a las minorías.

Yo personalmente diferenciaría esta ideología que se hace llamar tambien izquierda, con el nombre de izquierda igualitarista, pues defiende unicamente el igualitarismo cultural (multiculturalismo), religioso (islamización), igualitarismo racial (odio anti-blanco) y de género (feminismo radical). A la izquierda original, incluyendo la comunista descrita en este artículo, la definiría como izquierda histórica.

Por ello, aunque ambos se llamen “izquierda”, está la historical left (izquierda histórica) y la egalitarian left (izquierda igualitarista).

Otro posible término, aunque es ya más filosófico, seria izquierda masculina e izquierda femenina. La izquierda femenina es la izquierda igualitarista, debido a que suelen ser las mujeres las que, por su instinto maternal, así como su deseo de cuidar y ocuparse de los demás, las que defienden que se acepte a los inmigrantes porque “los pobres no tiene nada”, ademas de estar más ligadas a conceptos como el feminismo, por motivos obvios. Si os fijáis, en el caso de los refugiados, los medios siempre sacan a niños para aprovecharse de ese instinto maternal de las mujeres. La izquierda masculina es la izquierda histórica de la disciplina y el orden. Como he dicho, esta última diferenciación entre masculine left – feminine left es ya más rebuscada.

La distorsión política

Si, incluso en la extrema izquierda comunista, nunca se promovió la inmigración masiva, ni el reemplazo cultural, si estaba en contra del feminismo, si se defendió la familia, si apoyaba el patriotismo y el militarismo, si nunca implantó cuotas ni de género ni raciales, entonces ¿quiénes son estos?

inmigración masiva, islamización, Feministas radicales, homosexualismo, hippies… son una distorsión, nunca fueron parte de la izquierda.

El igualitarismo actual occidental es una distorsión política. No es ni de izquierdas ni de derechas. Es una transustanciación política. Ha sido desarrollado, o mejor dicho, creado, para implantarnos una agenda que nadie ha pedido con intereses que yo mismo todavía no acabo de comprender.

 

El Nuevo Orden del Mundo

https://paginatransversal.wordpress.com/2016/02/12/el-nuevo-orden-del-mundo-nom/

por José Javier Esparza(Publicado en 1997 como capítulo de su “Curso General de Disidencia”, Editorial El Emboscado).

JOSE JAVIER ESPARZA

¿Qué es el Nuevo Orden del Mundo? Podemos decir que el Nuevo Orden del Mundo es el espíritu de nuestro tiempo, el aire que respiramos, la atmósfera política e ideológica que envuelve nuestras vidas, tanto colectivas como individuales. Y podemos decir tal cosa por dos razones: una, porque eso, el NOM, es lo que estamos viendo surgir con fuerza en las numerosas conferencias internacionales que vienen desarrollándose en los últimos meses; la otra, porque ese proyecto, el proyecto del NOM, no es algo que haya nacido ahora, sino que está detrás de todas y cada una de las acciones diplomáticas, políticas, militares e ideológicas de las potencias modernas desde hace dos siglos.

El Espíritu de Nuestro Tiempo es ese: la tentativa, y ya no sólo la tentativa ideológica, sino el proyecto expreso de construir un único mundo, bajo la forma de un Estado Mundial, sobre los cimientos de un único tipo de civilización y en torno a unos únicos valores: los de la modernidad técnica. En esas condiciones, sólo cabe una actitud para aquellos que se sienten comprometidos con la vida de su nación, de su comunidad, de su pueblo: examinar los acontecimientos y tomar posición.

1.- La construcción del NOM

Carlos Marx decía que la función del intelectual era “ser capaz de escuchar cómo crece la hierba”. Vamos a prestar oído. Aunque, en este caso, la hierba hace demasiado ruido, tanto que es imposible no darse cuenta de lo que está pasando bajo nuestros pies.

Todos hemos oído hablar de la “Cumbre de Río de Janeiro”, celebrada hace unos años para armonizar las políticas ecológicas de todo el mundo. Su objetivo consistía en que los países en vías de desarrollo dejaran de utilizar recursos y procesos industriales nocivos para el medio ambiente. Loable intención que no sería sospechosa si no proviniera de los países desarrollados, esos países que no tuvieron empacho en utilizar esos mismos procesos tecnológicos para su propio desarrollo. La “cumbre” terminó sin resultado conocido. A priori, parece que los países en vías de desarrollo van a seguir utilizando esos procesos industriales contaminantes, pero todos se han comprometido a participar en la construcción de un “nuevo orden ecológico” patrocinado, por cierto, por los Estados Unidos. ¿A quién beneficia esta “Cumbre”?

El pasado mes de enero se reunió en la ciudad suiza de Davos, como todos los años, el World Economic Forum (Foro Económico Mundial). Se trata de una reunión de los principales financieros y políticos del mundo entero con el objetivo de “coordinar” todas las economías del planeta. Su fin último es crear un único mundo en torno a los “valores” del mercado. A esta última reunión acudieron ya los ministros de Economía de Polonia y Rusia, que cantaron himnos al mercado libre y manifestaron su sumisión a la gran finanza internacional. La nota entregada a la prensa por el propio Foro Económico Mundial decía: “El nuevo orden económico internacional supone la globalización, el aumento de la competencia, una continua adaptación de las estructuras y la desaparición del Estado del Bienestar” (Efe, 1-2-94). Globalización, ¿de qué?: de la economía. Adaptación, ¿de qué estructuras?: de las estructuras políticas. Se trata de construir una economía transnacional donde los Estados no tengan ya capacidad para decidir sobre su propia política económica. ¿A quién beneficia esto?

El pasado mes de septiembre se reunió en El Cairo la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, bajo los auspicios de la ONU. Su objetivo: que los países pobres controlen drásticamente sus tasas de natalidad, para evitar una explosión demográfica que podría causar un grave desequilibrio económico en el planeta. Esta Conferencia se había convocado a instancias de los países ricos, y en ella se constató la oposición de los países pobres, que veían cómo los poderosos del planeta querían influir incluso en la vida sexual de los pueblos subdesarrollados. ¿A quién beneficiaría esta intervención?

Acaban de reunirse en Madrid el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que han celebrado su aniversario entre las unánimes bendiciones de los gobiernos del mundo desarrollado, socialistas incluidos. En esta reunión hemos vuelto a escuchar los mismos argumentos de Davos: globalización de la economía, renuncia a la intervención política –incluso en lo social-, coordinación de las políticas económicas para introducir a los países pobres en la dinámica financiera de los ricos… ¿A quién benefician todas estas orientaciones?

2.- Los que mandan en el mundo

Todas estas “cumbres” tienen un punto en común que resulta de la mayor importancia, porque arroja luz sobre un hecho completamente nuevo: por primera vez, los gobiernos de todo el mundo desarrollado, las instancias financieras internacionales y la Organización de las Naciones Unidas van al mismo paso. Todos ellos han aceptado con gusto el compromiso de construir un Nuevo Orden del Mundo. Y el que marca el paso en este desfile es el gobierno de los Estados Unidos de América. Los que mandan en el mundo no son unos oscuros grupos de señores que actúan como “mano invisible”, según querría una reaccionaria visión conspirativa de la Historia. Los que mandan en el mundo son los gobiernos de los países occidentales, las instituciones internacionales y las instancias financieras, que actúan conforme a un programa determinado y que han aceptado el liderazgo de los Estados Unidos para construir un determinado orden universal fijado de antemano.

Durante muchos años, tanto la Unión Soviética como los países “no alineados” o potencias nacionales como Francia se habían opuesto a que la ONU fuera dirigida por los intereses de la política norteamericana. Todos recordamos las graves crisis en el seno de la Unesco, por ejemplo, que llegó a oponerse a lo que entonces se llamó “nuevo orden económico mundial”, así como al “nuevo orden informativo”. Hoy, sin embargo, esas barreras han desaparecido. Todos marchamos al paso que nos marca Washington. Y parece que no hay otra opción, o mejor dicho: nadie quiere plantear otra opción.

No olvidemos este punto fundamental: el proyecto del NOM es, en este momento, un proyecto fundamentalmente norteamericano, pero sumisamente aceptado por el resto de Occidente. Tras la caída de los regímenes del Este, los Estados Unidos proclamaron solemnemente el advenimiento de un Nuevo Orden. Tanto el republicano Bush como el demócrata Clinton han rubricado de buena gana ese proyecto, y las sucesivas intervenciones bélicas, desde Irak hasta Haití, no tienen otro objetivo que ese: que nadie escape a la dimensión universal del orden nuevo. Un orden que no es sólo político o económico, sino que aspira a ser el molde de una civilización universal: un mundo único pensando, actuando y viviendo del mismo modo. Lo decía Milan Kundera: “La unidad de la humanidad sólo significa, en el fondo, que nadie pueda escapar a ninguna parte”.

Ahora bien: esta idea del mundo no es nueva, ni la han inventado los Estados Unidos. El NOM no es sólo una cuestión política o económica. La historia de las ideas nos enseña que el proyecto del NOM es consustancial a las ideologías de la modernidad, y lo es desde el mismo nacimiento de la filosofía de la Ilustración. Si eso no se entiende, no entenderemos la verdadera dimensión del momento que estamos viviendo.

3.- El cosmopolitismo universal

La idea de una humanidad unida bajo un solo poder es tan vieja como la idea de imperio en Europa. Como decía Spengler, “el hombre noble, el patricio, aspira a ordenación y ley”, y así los pueblos europeos, mientras estuvieron vertebrados en torno a los valores de una aristocracia de la sangre, la guerra y los dioses, una aristocracia al estilo antiguo, aspiraron a dar al mundo un carácter único. El Imperio Romano es el mejor ejemplo de una tentativa por unificar el orbe -el orbe romano-. Y los Imperios posteriores, desde el Sacro Imperio Romano Germánico hasta nuestro Imperio donde no se ponía el Sol, siguieron alimentados por esa idea religiosa y política a la vez, aunque ahora el Dios fuera otro. El europeo antiguo tiene la convicción de que, bajo la diversidad del mundo, reposa una cierta unicidad. De ahí procederán las primeras formulaciones del Derecho Internacional, el Ius Publicum AEuropeum, que trata de otorgar un Nomos, un orden a un mundo diverso y en permanente conflicto.

Pero aquel Antiguo orden del mundo no tiene nada que ver con el presente. En primer lugar, allá, entre nuestros antepasados, el principio del orden es espiritual, y por eso cualquier orden ha de pasar por el Emperador, aún cuando el poseedor de la corona imperial fuera menos poderoso que otros reyes vecinos. Por otra parte, no puede decirse que el Viejo Orden del Mundo tuviera una ambición planetaria o de dominio efectivo universal: en la teoría del Imperio no hay una voluntad expresa de exterminio del enemigo o de aniquilación de la “alteridad”, aniquilación de lo que es diferente a uno. En el mundo antiguo, la existencia del enemigo es parte de la vida; de ahí la necesidad de las guerras, pero también la eventualidad de las treguas; nuestras más crueles guerras serán guerras exclusivamente de religión, y cuando un Emperador (como el alemán Federico II Hohenstauffen o el español Felipe II) pretenda actuar por su cuenta, ya estrechando lazos con el enemigo, ya encarnando directamente la autoridad espiritual, sufrirá la hostilidad del Papa.

Serán precisamente las grandes guerras de religión -y especialmente las derivadas de la reforma protestante- las que darán al traste con la idea de la Paz Imperial, cuando la autoridad espiritual y el poder temporal demuestran su incapacidad para detener la guerra civil en Europa. Pero insistimos: en la teoría del Imperio -y, por lo general, en la práctica imperial- no se contempla el proyecto de un dominio efectivo sobre todo el globo terráqueo mediante la aniquilación espiritual o física del enemigo. ¿Por qué? Primero, porque el de Imperio no es un concepto de poder inmediato y físico, sino que es político sólo y en la medida en que es espiritual; el Imperio es una metafísica del poder que no exige la extensión de un aparato burocrático o de un dominio administrativo a todo el orbe. Y después porque, en el mundo antiguo, el concepto de humanidad no es el mismo que hoy: los términos Humanidad o Universal, entre nuestros antepasados, equivalen a los pueblos que han abrazado la Pax Romana o, después, a aquellos otros que han hecho lo propio con la fe cristiana; de manera que aquí nos estamos moviendo en un mundo limitado –voluntariamente- por razones políticas o religiosas. La conclusión es evidente: en un orden así concebido, el “otro”, el que no es como uno, tiene derecho a seguir siendo diferente.

Por el contrario, todas las ideas de aniquilación física del enemigo aparecerán –por supuesto, convenientemente moralizadas- en la modernidad, a partir del siglo XVII y, sobre todo, en el siglo XVIII. Es el momento en que los Ilustrados y sus predecesores, los utópicos, empiezan a imaginar la sociedad humana como fruto de un contrato, al mismo tiempo que se empieza a pensar que todo el mundo, todos los hombres, son sustancialmente idénticos, e igualmente sometidos, por tanto, a la regla supuestamente natural del contrato. Y no se tardará en aplicar esa figura del contrato al orden internacional, a la existencia polémica de las naciones.

Aquí encontramos también el origen de la visión liberal, economicista, que piensa que todo en la vida funciona como un intercambio de mercancías, y que es preciso dejar que ese intercambio circule libremente, sin “interferencias” políticas. Siguiendo esta lógica del contrato, no sólo cambia la idea del orden social, sino que también cambia la idea del orden del mundo. En la Europa antigua, el principio del orden era espiritual y tenía límites políticos y espirituales -en una época en que la política y el espíritu iban de la mano-; en la Europa de la Ilustración, por el contrario, ese principio será económico y moral, y no reconocerá límites territoriales porque la economía, como la moral abstracta, se cree con derecho a extender su manto sobre todo lo vivo.

Hay muchos nombres en esta tentativa ilustrada: Emerico Crucé, Sully, el Abate de Saint-Pierre (véase su Proyecto de paz perpetua en Europa, fechado en 1713)… Pero el verdadero teórico del nuevo orden del mundo, el gran filósofo de un universo cosmopolita es Imanuel Kant, que expuso sus tesis, sobre todo, en dos obras: Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y La paz perpetua. Kant, más que Hegel, es el verdadero inspirador de la filosofía de la Historia de la Ilustración, cuna de las diversas ideologías de la Modernidad. Kant cree que la Historia es una marcha del género humano hacia su moralización; esa moralización significa una cosa: la emancipación absoluta del individuo. Emancipación, ¿de qué? De todos los vínculos que en el mundo antiguo le retenían: la comunidad, la religión, los reyes, la tradición… Sólo un hombre libre de esos enojosos vínculos llegará a ser verdaderamente libre, verdaderamente “moral”. Y, liberado, podrá marchar hacia el futuro del género humano, que es el de un mundo unificado bajo los valores de la emancipación individual, la civilización moderna, la libertad del mercado…

Ese es el proyecto cosmopolita de Kant. Para Kant, el primer gran paso hacia ese nuevo orden ha sido la Revolución francesa, que define como Entusiasmo. Hay, no obstante, un enemigo en el horizonte: el Imperio austríaco, síntesis del trono y el altar y metáfora, por tanto, de esos viejos vínculos que el nuevo hombre moral debe abandonar. Sólo la guerra contra Austria podrá liberar a la entera humanidad. Y cuando esté liberada, habrá de caminar, primero, hacia una Federación de Estados, y luego, por fin, hacia un Estado Mundial; un Estado Mundial que se considera como el supremo bien.

Nótese cuál es el punto de partida de Kant: existe una aspiración natural de los hombres hacia una existencia moral. Kant define lo moral a su manera, pero no demuestra ni que él tiene razón, ni que ésa es la aspiración “natural” de todos los hombres. Kant parte de un prejuicio ideológico -la identificación entre existencia moral y libertades burguesas- y además recurre a un truco muy común en todo el pensamiento ilustrado: identificar al burgués ilustrado europeo del siglo XVIII con el género humano en su conjunto; identificar los intereses del burgués liberal con los intereses de todo ser humano. Dicho de otro modo: Kant justifica moralmente -y ésa es su perversidad, si se me permite el término- la imposición de las ideologías de la modernidad en todo el mundo, de buen grado o por la fuerza.

Y por eso está también legitimada la guerra de exterminio contra los obstáculos con que se topa la modernidad. Kant coge el viejo argumento de la “guerra justa” y lo manipula a su manera. La “guerra justa”, para nuestros antepasados, era toda guerra contra el enemigo de la comunidad; luego, fue la guerra contra los enemigos de la Cristiandad; pero, a partir de Kant, “guerra justa” será la guerra contra los enemigos de la Modernidad. Y de ese planteamiento -aunque en este caso la paternidad kantiana es más discutible- nacerá otro argumento muy característico de las ideologías modernas: el de “la guerra que pondrá fin a todas las guerras”. Toda guerra queda justificada si se hace contra los enemigos de la modernidad y con la pretensión de que, aniquilando por completo al enemigo, sea la última guerra. No es un azar si volvemos a encontrar ese argumento en todas las guerras libradas por las potencias modernas (Francia, Inglaterra y, sobre todo, los Estados Unidos) desde el siglo XIX hasta nuestros días.

“ Pero todo esto son sólo filosofías”, se me dirá. Sí, son filosofías, pero no cometamos el error de infravalorar el poder de las ideas. El propio Kant habla expresamente de la posibilidad de incluir un artículo secreto en los tratados internacionales donde quedara dicho que los estadistas seguirían las ideas de los filósofos (en el sobreentendido, por supuesto, de que todos los filósofos pensarían lo mismo que Kant). No vamos a defender aquí la extravagante tesis de que los políticos de los dos últimos siglos han obedecido a Kant y han incluido en sus tratados ese “artículo secreto”; nos basta con constatar que todos esos tratados han seguido las consignas universalistas o cosmopolitas señaladas por Kant y por los que pensaban como él. Por otra parte, las cosas están clarísimas: basta ver la evolución reciente del orden del mundo para comprobar hasta qué extremo Kant supo captar la vocación, el destino del mundo moderno. El mundo está caminando exactamente en la dirección que Kant marcó, Estado Mundial incluido. ¿Puede ser casualidad? No, no lo es: acabamos de ver cómo nace la ideología que hoy intenta imponerse en todo el mundo; estamos describiendo el camino de un mismo proceso. Y es importante saber de dónde viene cada cual.

4.- El mundo contemporáneo

Veamos ahora la evolución del mundo contemporáneo, la evolución de las relaciones de poder. Como ya hemos visto, un gran estudioso de la Teoría del Estado, el alemán Carl Schmitt, describió en los años cincuenta la trayectoria del Nomos, el orden de la Tierra, y lo hizo en los siguientes términos. Desde el siglo XIX, el mundo había vivido una fase Monista, en la que un solo poder real -en este caso, el Occidente moderno- se enfrentaba a un sólo enemigo, un enemigo que primero fue Austria -como decía Kant- y luego, en 1914 y en 1939, Alemania. A partir de 1945 se inaugura otra fase, la Dualista, marcada por la “Guerra Fría” y por la partición del mundo en dos bloques: el capitalista y el comunista. Pero a raíz de la descolonización, en los años cincuenta, cabía imaginar una tercera fase: la Pluralista, marcada por la competencia entre las nuevas potencias emergentes. Schmitt escribía influido por el movimiento de los “no alineados” y la Conferencia de Bandung, en 1955. Luego volveremos a hablar de ello. Retengamos de momento esta tripartición, estas tres fases, porque el viejo Carl Schmitt nunca hablaba a humo de pajas.

En 1944, cuando parecía ya inevitable que la fase Monista del orden del mundo se transformara en una fase distinta, las potencias aliadas -y aquí la iniciativa es especialmente anglosajona- pergeñan dos tratados: uno es la “Carta Atlántica”, que supone la extinción de los viejos imperios ultramarinos y que dará lugar a esa gran trampa de la descolonización; otro es el de la Conferencia de Bretton Woods, que se acaba de conmemorar en Madrid y que significa el nacimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Toda esta operación responde a una meta claramente definida de la política del presidente americano, Roosevelt: la creación de un One World, un único mundo. El objetivo de esas instituciones es regentar, gestionar, dirigir la vida económica del planeta. Ambos acontecimientos son de una gran trascendencia para lo que aquí estamos diciendo: a partir de ese momento, las potencias aliadas, y sobre todo los Estados Unidos, ponen los medios para construir un nuevo orden del mundo, de ambición planetaria y talante económico, legitimado a través de la presunta superioridad moral de su sistema de convivencia (libertad individual, democracia, etc.); exactamente tal y como lo había deseado Kant. La semilla del actual NOM ya está plantada.

La política del FMI tuvo una consecuencia inmediata: la vieja división del mundo entre Metrópolis imperiales y Colonias, herencia de los siglos anteriores, es sustituida por la división entre países pobres y países ricos. No olvidemos que uno de los puntos fundamentales del programa kantiano era acabar con los imperios; como por azar, eso era también lo que pedían los liberales, porque era más cómodo y barato comerciar directamente con burguesías locales, que hacerlo a través de grandes y costosos aparatos militares y políticos. A partir del fin de la segunda guerra mundial, la estructura imperial-colonial desaparece; sólo habrá países ricos y países pobres.

No creamos, sin embargo, que un manto de libertad se extiende por el planeta. Los países pobres sí están ya políticamente emancipados, pero esa independencia es tan sólo el pretexto moral para dar paso a una absoluta sujeción económica. Es natural: en una óptica universalista, la independencia no puede consistir en una libertad real para fijar los objetivos autónomos de una comunidad soberana, porque eso significaría dar jaque al universalismo. Todo lo contrario: en el proyecto cosmopolita, la emancipación política sólo es un paso previo para que la comunidad recién emancipada ingrese en el orden del mundo.

Estamos asistiendo desde este momento a la condena a muerte de vastas extensiones del planeta. ¿Por qué? Porque la política de los vencedores, plasmada en las “recomendaciones” del FMI y del Banco Mundial, consiste en dividir el mundo en grandes “zonas de producción”: los países pobres van a aportar sus economías a la civilización universal, y lo van a hacer especializándose en productos determinados. De ese modo, todos los países pobres, obligados a producir en masa uno o dos productos básicos, pierden la posibilidad real de automantenerse, de autoabastecerse, y quedan obligados a depender de las compras extranjeras y de los créditos internacionales para la producción. La mayor parte de África ha corrido este destino: convertirse en países miserables, obligados a depender eternamente de las compras extranjeras. Para abastecerse, no les queda más remedio que endeudarse… en dólares, por supuesto, porque ésa es la moneda-patrón desde Bretton Woods. Es otra forma de esclavitud. Eso sí, con una gran diferencia: ahora, esos pueblos son nominalmente libres, democráticos, están “emancipados”. “La moral”, decía Kant.

Pero sigamos con el Nomos de la Tierra desde 1945. Simultáneamente a Bretton-Woods, una nueva ruptura parece adueñarse del mundo: es la oposición entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, los vencedores de 1945, que compiten ahora entre sí por el dominio del planeta. Es importante señalar que ambas potencias proceden, ideológicamente, del mismo mundo: las ideologías de la modernidad, y su objetivo es el mismo: instaurar un orden universal regido ya por el libre mercado (el caso americano), ya por la dictadura del proletariado (el caso soviético -y recordemos una vez más, por cierto, que Marx veía la dictadura del proletariado como una simple etapa transitoria: su objetivo final era la instauración de un “paraíso universal de contables”, como dice el III Tomo de El Capital).

La propaganda política de posguerra hará que nadie escape a esa confrontación. Una especie de terror helado se extiende por todo el planeta, que empieza a vivir agobiado por la amenaza de una guerra nuclear. La hostilidad entre una potencia y otra es tan radical, tan hondo el conflicto y la conciliación tan difícil, que se diría que la guerra es inevitable. Sin embargo, en algo sí estarán de acuerdo ambas potencias: en que nadie pueda marchar por una tercera vía. Los no-alineados en 1955, Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968… Todos ellos intentaron escapar a la bipolaridad USA-URSS, pero los dos monstruos impedirán cualquier escapatoria. Por eso puede hablarse, objetivamente y más allá de la “Guerra Fría”, de un condominio americano-soviético.

Y es en ese momento cuando empieza a hacerse patente la verdadera naturaleza del conflicto de nuestro siglo: la verdadera guerra no es la que se libra entre capitalismo y comunismo, entre Occidente y Oriente, sino la que opone, de un lado, a los partidarios del Dualismo, del condominio americano-soviético, y por otro, a los partidarios del Pluralismo, de las identidades nacionales y populares. La revolución islámica en Irán tendrá la virtud de aclarar la situación: por encima de la enemistad USA-URSS, y pese a los discursos oficiales que pretendían someter a todo el mundo a esa bipartición de campos, ambas potencias, Washington y Moscú, eran aliados objetivos en el mantenimiento de un cierto statu quo internacional; y la única forma de romper ese statu quo será apelar a la identidad de los pueblos, a su raíz más profunda y al derecho de cada pueblo a ser él mismo.

Esa era la situación del mundo cuando, súbitamente y sin que los analistas oficiales se enteraran, el bloque soviético se derrumba. Gorbachov liquida los restos del imperio ruso; revueltas populares más o menos amañadas derriban a los dictadores marxistas; cae el Muro de Berlín y la relación de poder en el mundo deja de ser dualista para volver a ser Monista.

Pero vayamos por partes. ¿Por qué cae el comunismo? La causa directa es la imposibilidad de seguir la frenética carrera de tecnología militar impuesta por los Estados Unidos de Reagan. Pero la causa profunda es la incapacidad de una filosofía utópica, ficticia -la del marxismo-, para organizar el mundo sin recurrir a la represión permanente. El hecho es que, derrumbado el comunismo -”víctima de sus propias contradicciones”, como diríamos en la jerga marxista-, sólo queda un poder que encarne el proyecto unificador de la modernidad: los Estados Unidos y su ámbito de influencia, lo que se llama “Occidente”.

No caigamos en el error de juzgar el fracaso del comunismo como una victoria del capitalismo. Un ensayista francés, Pascal Bruckner, ha escrito un libro muy revelador, La melancolía democrática, donde las cosas se ponen en su sitio: la verdad es que el comunismo no ha caído porque la democracia liberal sea mejor sistema o porque la presión política de Occidente haya mermado la capacidad de reacción comunista; el comunismo ha caído, simplemente, por sus propios errores, porque era un sistema ineficaz. El enemigo del capitalismo se ha suicidado. No hay victoria.

5.- El Fin de la Historia

Sin embargo, el capitalismo se atribuye esa victoria y al día siguiente de la caída del Telón de Acero declara su intención de crear un Nuevo Orden del Mundo. Hemos llegado, por fin, al momento cumbre soñado por Kant y que nunca había dejado de estar ausente del programa ideológico de la modernidad. Los estalinistas rusos empiezan a ser llamados “conservadores”; la vieja URSS empieza a ser definida como el último imperio -¿no huele a Kant? Y ahora, muerto el último imperio, la humanidad puede caminar hacia el Estado Mundial con un líder indiscutido: los Estados Unidos.

En esa tesitura, aparece un nuevo referente intelectual que va a tratar de dar cuenta de la situación en un tono declaradamente apologético: el ensayo de Francis Fukuyama sobre El Fin de la Historia. A pesar de lo mucho que se ha escrito y hablado sobre este hombre y su tesis, no parece que se haya entendido demasiado bien lo que quería decir: ¿Que la Historia se termina? ¿Es el apocalipsis? Pero no, no se trata de eso. Fukuyama no está diciendo ninguna estupidez. Y lo entenderemos mejor si vemos que lo que Fukuyama llama “Fin de la Historia” equivale a lo que Kant llamaba “Estado Mundial”. Seguimos moviéndonos en la lógica de la Ilustración, de la visión cosmopolita de la Historia, de la Historia entendida como un movimiento guiado por un finalismo moral.

Kant había dado a la Historia una dirección determinada y concreta: la consecución de una unificación universal bajo los valores de la modernidad, cuyo eje es la razón universal y la emancipación individual (en términos actuales: democracia liberal y capitalismo mundial). En ese misma lógica, Hegel considera que la Historia es una lucha por conseguir esa emancipación universal, identificada con el triunfo de la Razón Ilustrada, la razón universal, en todo el globo; por consiguiente, cuando la Razón Ilustrada se imponga, cuando ya no haya enemigos, el mundo nacerá a un nuevo orden y la Historia habrá terminado. Lo que Fukuyama hace es bucear en la ideología moderna, actualizar los planteamientos de Kant y Hegel y aplicarlos a la situación contemporánea. Y Fukuyama, con toda lógica, llega a la conclusión de que ese Fin de la Historia se ha producido ya, desde el momento en que nadie parece que vaya a detener el triunfo de la Modernidad, justamente identificada con la victoria del libre mercado, las democracias liberales y la hegemonía de los Estados Unidos. El Fin de la Historia no significa otra cosa: los últimos imperios, los últimos obstáculos para la victoria de la ideología moderna han desaparecido. Por consiguiente, el sueño de Kant y Hegel se ha realizado ya.

Conviene entender la tesis de Fukuyama como lo que es: un discurso de legitimación del nuevo statu quo internacional, del mismo modo que los discursos de Kant y Hegel eran legitimaciones de las revoluciones burguesas. Y podrá sonarnos más o menos extraño, pero la verdad es que los mismos que gobiernan el mundo, los miembros de esas instituciones que hemos mencionado al principio de esta exposición, comparten el análisis de Fukuyama y creen, como él, que hemos llegado al mejor mundo posible, y que toda oposición a este estado de cosas debe ser ahogada antes de que nazca. La casta dirigente del planeta vive, mentalmente, espiritualmente, en el Fin de la Historia y en el Estado Mundial.

De este modo se van dibujando los contornos de un programa: el de la aplicación práctica del NOM, una aplicación que debe ejecutarse ya, puesto que el último gran enemigo ha sido vencido. Y una mera ojeada a los distintos aspectos de nuestra vida colectiva nos permitirá ver cómo el programa del NOM empieza ya a aplicarse en todos los terrenos. El NOM, evidentemente, lleva ya muchos años aplicándose en el campo económico, que es siempre la vanguardia de la ideología ilustrada. ¿Cómo se está aplicando? Siguiendo religiosamente las recomendaciones del FMI y el Banco Mundial. Unas recomendaciones que ahora se extienden por primera vez a la China continental y a los viejos países del Este de Europa. Se trata de implantar en todas partes la libre circulación de mercancías y, sobre todo, de capitales: ese es el dogma de fe del NOM. Las Conferencias Internacionales, como las que antes hemos citado, sirven para dar orientaciones, armonizar, coordinar las políticas económicas de todos los países y siempre, siempre, advertir a los Gobiernos que es inútil oponerse a “la naturaleza libre del dinero”. Por lo demás, la partición en “zonas de producción” instaurada en 1944 -y de la que hemos hablado anteriormente- sigue manteniéndose: a pesar del fracaso del sistema, patente en las hambrunas y las catástrofes que están asolando África y Asia en los últimos decenios, el NOM insiste en que ése es el único sistema posible, y si el hombre no se adapta al sistema, el hombre tendrá que desaparecer, como dijo, refiriéndose a África, el sociólogo Daniel Bell. Es lo mismo de la conferencia de El Cairo: si los hombres no respetan las cifras previstas por el sistema, reduzcamos la cifra de hombres: nada de variar los cálculos del sistema. En esa espantosa pretensión, disfrazada de filantropía moral, descubrimos el verdadero rostro del NOM: la ambición de someter la vida humana, la vida de los pueblos, a las exigencias de la civilización técnica; agarrar a la vida por el cuello y golpearla hasta que entre en los márgenes de un cuaderno de cálculo. Es la mayor opresión que jamás ha vivido el espíritu humano.

Al servicio de esa aspiración titánica, en la terminología de Jünger, se despliega toda la política del NOM. Porque el NOM se está aplicando ya en el terreno político. ¿Cómo? Mediante la coalición internacional frente a los hipotéticos enemigos del Estado Mundial, aquéllos que por razones religiosas, políticas o intelectuales quieren mantener una cierta preferencia nacional o, simplemente, rehúsan someterse a los criterios económicos y culturales de una civilización mundial. El mejor ejemplo es el del Islam. Toda potencia islámica se ha convertido en un enemigo declarado del Estado Mundial, del NOM. Y el caso más claro no es el de Irak, sino el de Argelia. Uno de los criterios básicos del NOM es la implantación de democracias liberales en todos los países, sea cual fuere su estructura social o cultural. Recordemos que, en la óptica ilustrada, democracia liberal equivale a política moral. Pero en Argelia, un partido político opuesto al NOM, el Frente Islámico de Salvación, ganó limpiamente unas elecciones. Y el NOM patrocinó, con un vergonzoso consenso internacional, un golpe de Estado contra los nuevos gobernantes de Argelia. Los miembros del FIS fueron apartados del poder, perseguidos, encarcelados e incluso ejecutados. ¿Por qué? Porque no querían el NOM. Ni una sola voz oficial del resto del mundo se alzó contra ese atropello. Tanto derechas como izquierdas, de acuerdo en mantener este orden internacional y los valores que lo sustentan, saludaron la intervención militar auspiciada por los gobiernos occidentales. Y ahora nos escandalizamos, horrorizados, porque determinados grupúsculos fundamentalistas andan por ahí en plena locura, degollando extranjeros. El terror, sí, engendra terror, y el de la Argelia de los años 90 ha alcanzado cumbres espantosas. Pero ese terror no lo comenzaron ellos: lo comenzó el NOM.

Para legitimar ese injustificable estado de cosas, el NOM goza de un arma mucho más poderosa que la bomba atómica: los medios de comunicación, y especialmente la televisión internacional. La televisión bombardea todos los días a todos los hombres del mundo, sean cuales fueren sus culturas de origen, sus creencias y sus tradiciones, con los mismos mensajes. “Todos los hombres poseen la misma aspiración natural”, decía Kant. Eso no es verdad. Pero sí es verdad que la televisión implanta en todo el mundo las mismas aspiraciones: el lujo, el consumo, el placer de una existencia hedonista… Series como “Dallas” o “Falcon Crest” no se emiten sólo en el espacio occidental: llenan también las pantallas en Kenia o el Senegal. Y esas series son mucho más eficaces que unos informativos, porque, a través de esos productos, se va construyendo una universalización de las formas de vida que constituye, de hecho, la mayor empresa de colonización espiritual jamás emprendida por potencia alguna. Así se extienden de modo uniforme unas amplias expectativas que contribuyen a consolidar un determinado sistema social y económico. La gente ve ahí, en la pantalla, que puede ser feliz; se lo cree y comienza a imitar los comportamientos que la pantalla le muestra; después, tras la adopción de las pautas de conducta, se imponen también los valores, unos valores ajenos a los del individuo en cuestión. Es lo que Iring Fetscher ha llamado “democratización de la satisfacción”: todos deben asumir como propia la opulencia del sistema.

Evidentemente, la realidad frustra una y otra vez esas expectativas, especialmente en los países pobres. Sin embargo, los mensajes de la comunicación mundial de masas no responsabilizarán de esa frustración al sistema que la ha engendrado, sino que dirigirán sus críticas al pasado, a la barbarie, a las tradiciones, que se convierten en obstáculos para que el ciudadano de Mauritania llegue a ser como J.R. Ewing. Así se cierra el círculo. El recurso a la tradición, a la identidad, queda proscrito. El hombre ya no sabe a dónde mirar… Y se contenta con lo que tiene: la televisión, pero también lo que hay dentro de ella, ese mundo que la televisión le muestra y que se convierte en el mundo ideal.

Entramos así en un tercer aspecto del NOM: el ideológico, lo que podríamos llamar la Bomba “i”, que es peor que la Bomba “H”. Ningún sistema puede mantenerse en el poder si no tiene una visión del mundo, un discurso, un relato, un conjunto de ideas que lo muestre como el sistema más indicado. Del mismo modo, el sistema moderno, el NOM, ofrece un relato legitimador a sus súbditos; ese relato es, en distintos niveles, el de la ilustración, y lo podríamos reducir a los siguientes tópicos:

1- El hombre es igual en todas partes y en todas partes tiene las mismas aspiraciones; esas aspiraciones son, fundamentalmente, económicas. Por tanto, el orden natural del mundo será el de un Estado Mundial construido sobre criterios económicos.

2- Esa igualdad radical se ve obstaculizada por las culturas autóctonas, los valores y las creencias heredadas, siempre y cuando sean ajenas o irreductibles al cuadro de valores de la modernidad. Por consiguiente, es legítimo eliminar esas barreras.

3- Dado que la igualdad es universal y moral, todo obstáculo político o de otro tipo debe ser desarraigado. Así, por ejemplo, queda condenado el nacionalismo como delito mayor de nuestro tiempo.

4- La historia es un proceso de carácter finalista, con un sentido determinado, y ese sentido es el de construir un mundo homogéneo, la convergencia de todos los pueblos y todas las culturas en el modelo occidental. Quien se oponga a eso, se opone a la marcha de la Historia.

Podríamos añadir otros desarrollos, pero estos son, grosso modo, los dogmas fundamentales del NOM. Centenares de escritores, profesores e intelectuales, apoyados por fundaciones privadas o centros oficiales y publicitados por los medios de comunicación, construyen y divulgan día a día esta ideología, con el objetivo de que todos los hombres la asuman como propia. Y quien no rubrique sus presupuestos, queda marginado, condenado como “peligroso” o “fascista”. Esta es la fe de nuestro tiempo.

¿Y cómo nos afecta todo esto? Está claro. En esta tesitura, está claro el papel que el NOM nos tiene reservado: va a desaparecer nuestra identidad cultural, va a desaparecer nuestra soberanía política y va a desaparecer nuestra independencia económica. Mirémonos: los españoles somos españoles, somos europeos y somos hispanoamericanos. Pero Europa se está convirtiendo en el esclavo predilecto del NOM, Hispanoamérica se convierte poco a poco en un mercado seguro para la finanza internacional y España misma empieza a dejar de existir para abandonarse a la dulce extinción de su ser en el magma blando e inodoro del NOM. Si no reaccionamos, nuestra suerte está echada.

6.- La zozobra: la tesis de Huntington

¿Todo está perdido? No. Al menos, no todavía. El NOM se está construyendo a pasos agigantados, pero hay muchos obstáculos. Y, del mismo modo que le ocurrió al comunismo, el principal obstáculo que encuentra el NOM no es un poder extranjero, sino sus propios fundamentos, sus propios cimientos ideológicos, que chocan frontalmente contra la realidad. La ideología ilustrada -aquella de Kant- nos dice que el mundo es homogéneo, que la razón es universal y que las aspiraciones de los hombres son las mismas en todas partes. Pero ¿y si eso no fuera verdad? En ese caso, todo el aparato filosófico del NOM caería por su propio peso. El NOM dejaría de ser verdad. Si las culturas fueran elementos irreductibles, si realmente en ellas se contiene una visión del mundo -y por tanto una visión del orden económico y político-, las culturas se convertirían en obstáculos imposibles de vencer, porque dejaría de ser evidente que el destino natural del globo es la convergencia en el modelo de la modernidad occidental. Pues bien: eso es lo que está pasando ahora: que todo eso ha dejado de ser evidente.

Ya hemos hablado anteriormente de un notable intelectual de la Universidad norteamericana, Samuel Huntington, que ha expuesto todo este problema en un ensayo que es una especie de anti-Fukuyama. Ese ensayo se llama “¿Choque de civilizaciones?” y su tesis es la siguiente: el mundo no camina hacia la unificación, sino que las civilizaciones, producto de culturas en muchos casos milenarias, van a terminar eligiendo sus propias vías de desarrollo, al margen del modelo occidental. Huntington evalúa los datos económicos y políticos, y concluye que es inevitable la partición del mundo en grandes zonas caracterizadas por compartir una misma civilización. Esas zonas -las repetimos- son las siguientes: Occidente (que para Huntington abarca desde los Estados Unidos hasta la Europa de la UE, pasando por Australia), el mundo eslavo (Rusia y su cinturón centroeuropeo), el área confuciana (liderada por China), el Japón, la India, el Islam, el África Negra y el espacio Iberoamericano.

Podemos pensar que esta partición es discutible: por razones históricas, culturales y políticas, España está más cerca de Rumanía y de la Argentina que del Canadá. No obstante, y sin perjuicio de que esta cuestión pueda ser debatida posteriormente, creo que hay que valorar el ensayo de Huntington en sus justos términos: por primera vez, uno de los laboratorios del NOM reconoce que el sueño de la convergencia universal es imposible, que las civilizaciones (las culturas) son más fuertes que las economías y, por tanto, que la verdad del NOM ha dejado de ser verdad.

Insisto: quien dice esto no es un “tercerista” o un no-alineado, sino una Universidad que funciona como laboratorio del NOM. De hecho, en los Estados Unidos y en Gran Bretaña la polémica ha sido notable. Vale la pena citar, a título de ejemplo, la agria respuesta que el sociólogo Daniel Bell ha dispensado a Huntington: el choque de civilizaciones es imposible -dice Bell-, porque la economía, la política y la cultura responden a lógicas diferentes. Es el viejo discurso ilustrado. Ahora bien: lo que está en cuestión es precisamente esa “diferencia de lógicas”, y está en cuestión porque nadie ha conseguido demostrar jamás que eso que dice Bell sea verdad. Más bien al contrario: cuanto más avanza la sociología, más patente queda que cultura, economía y política no son lógicas diferentes, sino que unas se conectan con otras jerárquicamente, tal y como hemos expuesto aquí utilizando el modelo de la Teoría General de Sistemas. A una cultura determinada -esto es, a una forma determinada de entender la realidad-, le corresponde una forma concreta de organizarla, o sea, una política, y a esta política particular -que viene configurada por una cultura particular- le corresponde una economía particular. A una cultura como la occidental, que a partir del siglo XVII -y aún antes- consagró el individualismo y el esfuerzo técnico, le corresponde necesariamente una política burguesa, y de esa política burguesa se deduce por fuerza una economía que es el libre mercado. A una cultura como la islámica, que es comunitaria y tradicionalista, le corresponde una política definida en términos de religión, y por tanto, una economía donde el bienestar individual no tiene el mismo valor que aquí, en el occidente burgués.

Ya desde los años cincuenta, algunos economistas de la Unesco (como Perroux, Partant o Grjebine) habían advertido que el modelo impuesto en Bretton Woods era absurdo, porque, por así decirlo, expandía un aire que no servía para todos los pulmones. Y estos economistas proponían aplicar un modelo de desarrollo autocentrado: dividir el mundo en grandes zonas de producción y consumo que mantuvieran la soberanía sobre sus propias economías, grandes espacios autárquicos definidos, precisamente, en función de criterios culturales. El África negra podría constituir uno de esos espacios; el Magreb, otro; Europa, otro, etcétera. Lo que era evidente a ojos de todos es que el modelo de desarrollo mundial único era insostenible, porque estaba llevando al mundo pobre a la ruina. Aún no hace muchos años, una joven economista camerunesa, Axelle Kabou, escribió un libro importantísimo titulado así: ¿Y si África rechazara el desarrollo? Lo que esta señorita proponía era algo tan simple y tan de sentido común como lo siguiente: dejadnos encontrar nuestra propia vía para el desarrollo económico; dejadnos que seamos nosotros quienes juzguemos en qué consiste el desarrollo, cómo hemos de entenderlo y qué medios hemos de utilizar para conseguirlo. Por mucho que Camerún sea de cultura francesa, por mucho que las elites camerunesas se hayan formado en las universidades de Paris y por mucho que la televisión bombardee con teleseries a los pobres cameruneses, nunca se conseguirá impedir que los elementos más lúcidos usen el cerebro. Y lo que el cerebro dice es que una cultura, un arraigo, una identidad, siempre es más fuerte que una Balanza de Pagos.

¿Os acordáis de Carl Schmitt? El había dicho que la fase Dualista del Nomos de la Tierra terminaría llevando a una fase Pluralista. Schmitt, ya lo veis, nunca hablaba a humo de pajas. Lo que estamos viendo en el análisis de Huntington es el surgimiento de lo mismo que intuía Schmitt: no el nuevo Monismo de Fukuyama, sino otra cosa completamente distinta. El mundo es plural, y la realidad del mundo, la pluralidad, es más poderosa que el proyecto técnico, la utopía técnica y económica del cosmopolitismo moderno. Las identidades culturales, las raíces, los arraigos pugnan por detener la utópica imaginación del NOM. Mientras haya pueblos conscientes de serlo, no habrá Nuevo Orden del Mundo, porque no será posible el Estado Mundial.

7.- Conclusión: el combate de nuestro tiempo

En estas condiciones, se dibujan dos campos con toda nitidez. Por una parte, el cosmopolitismo del NOM: los que creen que el mundo debe ser sólo uno, que ese único mundo ha de estar regido por los criterios del capitalismo financiero, que las culturas, las tradiciones y las raíces son negativas, obstáculos que hay que eliminar por la fuerza si es preciso. En el campo opuesto, los partidarios de la Identidad: aquellos que creen -que creemos- que el mundo es plural y que ésa es su riqueza; que no se puede obligar a todos los pueblos, sea cual fuere su metabolismo espiritual, a marchar al mismo paso; que cada cual debe elegir la vía que le resulte más propia; que las culturas, las raíces y las tradiciones son no sólo positivas, sino necesarias, porque ellas constituyen lo que nos hace específicamente humanos, lo que define nuestra forma de estar en el mundo.

Para quienes interpretamos el NOM como un monstruoso intento de arrasar el mundo y entregarlo a una civilización sin alma, a la civilización técnica; para quienes queremos seguir siendo lo que somos, el combate de hoy se plantea en esos términos. Es un combate nuevo donde muchas viejas fronteras -por ejemplo, la frontera entre derecha e izquierda- se deshacen. Ahora las apuestas son otras. En lo político, la apuesta consiste en defender la soberanía de nuestras naciones, y en eso pueden coincidir una cierta derecha, una cierta izquierda y aquellos que jamás se han sentido ni de izquierdas ni de derechas. En lo intelectual, la apuesta consistirá en defender el pluralismo del mundo y la identidad de las culturas, y en eso pueden coincidir los viejos náufragos de un cierto socialismo, los restos dormidos de un cierto conservadurismo y los nuevos intelectuales que fundamentan su reflexión en la crítica de la civilización técnica, en la senda de Ortega, Jünger o Heidegger.

Gane quien gane en esta guerra, nadie puede permanecer indiferente. Estamos ante el combate decisivo de nuestro tiempo. Porque lo que nos estamos jugando es el aspecto que ofrecerá el mundo dentro de veinte años, el mundo en que vivirán nuestros hijos. Hace más de medio siglo, Oswald Spengler escribió: “Ahí están los dados del terrible juego. ¿Quién se atreve a echarlos?”. Hay que atreverse.

Fuente: El Manifiesto

Amistad y Camaradería

1303_Batalla_de_rocroi_por_Augusto_Ferrer-Dalmau_600Extraído de la novela El Misterio de Belicena Villca

“La camaradería no es un vínculo cuantificable, una relación mensurable, una razón entre compañeros. No es un mero nexo afectivo, como la amistad, sino coincidencia espiritual, identidad de ideales que se realizan simultáneamente. La camaradería es determinada por instantes absolutos: el tiempo y el espacio del hecho; pero carece de dimensión temporal extensiva; vale decir, la camaradería no admite categoría de duración, es inconcebible un Camarada permanente, como un amigo. La camaredería produce Camaradas del acto, de la circunstancia coincidente; implica el encuentro de dos o varios, en un mismo instante, con un ideal común que se concreta. La amistad, por el
contrario, es temporalmente extensa y espacialmente limitadora y abarcante; consiste en un grueso nexo sentimental, casi mensurable, que une a las personas con independencia del hecho en el que participan. La amistad es independiente de toda norma ética porque brota del corazón, como toda relación afectiva. En la camaradería, por el contrario, siempre está presente el Honor. Se exige no cuestionar la conducta moral de un amigo; es obligación, en cambio, observar la actitud ética de un Camarada: Se podría traicionar a la patria, con ayuda de un amigo. Pero sólo es posible morir por la patria, con ayuda de un Camarada.

De la oposición entre la amistad, afectiva, y la camaradería, espiritual, surge con claridad por qué el traidor consigue extender su traición en el tiempo,“para siempre”,análogamente a la amistad, y por qué el héroe debe demostrar su valor en el acto de un instante, instante que el Honor, y la ética de la humildad, obligan a olvidar posteriormente: ese instante del héroe, que lleva implícito todo el valor en el acto de su ocurrencia, es la instancia absoluta de los Camaradas, la coincidencia perfecta de los que van a luchar a favor del mismo ideal. Porque, y la aclaración es evidente, el instante del héroe es un tiempo propio de Kshatriyas, de Guerreros, es decir, de Camaradas.

(…) los amigos pueden darnos mucho, incluso todo lo que tienen; tal vez hasta den la vida por nosotros; pero sólo los Camaradas nos darán algo mayor que sus vidas, incluso mayor que nuestras propias vidas, esto es, el ideal. Sólo un héroe, o un Camarada, creerá en nosotros como héroes o Camaradas y nos ordenará seguir al ideal, nos señalará el ideal, nos revelará el ideal, nos aproximará al ideal. Ser amigo es estar ligado a un corazón ajeno. Ser Camarada es estar comprometido con un ideal; significa asumir, en el momento oportuno, la instancia absoluta del héroe; si fuese necesario, liderar carismáticamente a los Camaradas, ordenar la marcha hacia el ideal, morir por el ideal.” (…) ¡Sí, nuestros Estandartes son superiores a la Muerte!

Pero no siempre los héroes tienen que morir. Héroe es también aquél que lidera a sus Camaradas en el instante absoluto y los conduce directamente a la victoria. Y todos lo siguen, persuadidos, arrebatados, ganados, porque saben carismáticamente, con la Sangre, que él ha visto el ideal y se propone realizarlo. Se cumple así un principio universal de la Sabiduría Hiperbórea; “uno conduce a los Camaradas y el ideal se realiza”.”

El Hombre Fascista

Por Benito Mussolini.

“La realidad, para el fascismo, no es el mundo material de las apariencias superficiales, no es pensar que el hombre es un individuo aislado del resto de sus semejantes, una entidad que dispone que sí misma, gobernada por una ley natural que, instintivamente, le inspira 20120322200803!Mussolini_biografiauna vida de placer hedonista y fugitivo.

El hombre fascista es una persona que es Nación y Patria, ley moral soldada en los individuos y en las generaciones por la tradición.

Es un hombre arraigado, con una misión destinada a suspender esa tendencia que tiene la vida a enfermar, que quiere romper ese círculo vicioso del placer por el placer para instaurar una forma superior de existencia que supere los límites del espacio y de los tiempos.

La vida del individuo declarado fascista, por la abnegación, por el sacrificio de los intereses particulares, por la misma muerte, realiza esta forma de existencia en la que reside todo el valor del hombre.

Nuestra concepción es una concepción espiritualista que reacciona contra el materialismo que se instauró en el siglo XVIII; antipositivista, pero positiva, no escéptica ni agnóstica, ni pesimista ni dada a un optimismo facilón, como lo son en general todas las doctrinas -todas negativas- que sitúan al hombre en el centro de la vida.

El fascismo quiere un hombre activo, comprometido en la acción con todas sus energías.

Lo quiere consciente de las dificultades y dispuesto a afrontarlas.

El hombre fascista ve en la vida una lucha, está convencido de que le corresponde conquistar una vida verdaderamente digna mediante sus instrumentos físicos, psíquicos, morales e intelectuales, necesarios para su elevación.

El hombre fascista da un valor supremo a la cultura en todas sus formas (arte, ciencias, religión) y una importancia primordial a la educación.

Esta concepción positiva de la vida es, evidentemente, una ética. Ninguna acción se sustrae al juicio moral. Nada hay en el mundo que pueda ser despojado del valor que le confiere a todas las cosas la consideración ética. La vida, tal como la concibe el fascista, es seria, austera, religiosa: elevada en un mundo sostenido por las fuerzas de la moralidad y la responsabilidad. El fascista aborrece la vida confortable.

El fascismo es una concepción histórica según la cual el hombre se encuentra en el centro de un proceso espiritual, formando una nación y una historia que a su vez le forman a él.

El fascismo no es nada sin la tradición asentada en la memoria, en la lengua, en las costumbres, en las normas que regulan el modo de la vida social. Fuera de la historia, el hombre no es nada.

Este es el motivo por el cual el fascismo se opone a todas las abstracciones individualistas fundadas en el materialismo del siglo XVIII. He aquí por qué se opone a todas las utopías jacobinas”

Benito Mussolini, 24 de Octubre de 1934.