Película: Sócrates, de Roberto Rosellini (1970)

http://lecturasdeunfilosofo.blogspot.com.es/2013/09/socrates-roberto-rossellini-1971.html

Breve sinopsis de la película.

La película se sitúa en una Atenas en plena convulsión política: tras la guerra del Peloponeso la democracia ateniense se ve sustituida por un gobierno oligárquico, el llamado gobierno de los Treinta Tiranos por estar compuesto por treinta magistrados que concentran en sus manos todo el poder. En esta situación convulsa Sócrates (interpretado por Jean Sylvère) se encuentra en una difícil tesitura: en la primera escena que lo vemos está siendo empujado y golpeado por dos atenienses en el mercado de la ciudad. No en vano es protagonista indirecto de los hechos políticos que han tenido lugar recientemente ya que uno de sus más importantes discípulos, Critias, es miembro destacado de los Treinta por su crueldad y, su discípulo favorito, Alcibíades, fue desterrado y había servido durante un tiempo como consejero a los espartanos. Pero por paradójico que pueda parecer la tiranía que entonces vive Atenas tampoco beneficia a nuestro protagonista, todo lo contrario: Calicles le prohíbe la enseñanza a los jóvenes y, para demostrar su lealtad al nuevo gobierno de Atenas es obligado junto con otros a ir en busca y captura de Cleón de Salamina (mandato que Sócrates no cumplirá, pues se vuelve a casa).
La democracia es restaurada por Trasículo y un grupo de atenienses que habían escapado al exilio en ciudades como Tebas o Megara (temerosas de la posible hegemonía total de Esparta), en una lucha en la que Critias pierde la vida. Pero con el nuevo gobierno los problemas de Sócrates no hacen sino comenzar: Rossellini nos muestra como se burlan de él trayendo a colación la imagen que los cómicos como Aristófanes han difundido (difamaciones que tendrán mucha importancia a la hora de acusarlo). También problemáticas resultan sus opiniones políticas: un poco más adelante mostrará ante los que serán sus futuros acusadores su desprecio por el modo democrático de elección de los magistrados (considera de suma importancia esta elección como para dejarla al capricho de la suerte). Melito le avisa de que esas palabras pueden traerle problemas, del mismo modo que se lo trajeron a otros filósofos extranjeros (le habla de Protágoras cuando, paradójicamente, el sofista defendía todo lo contrario a lo expuesto por Sócrates en la escena anterior).
Las consecuencias no se hacen esperar y pronto Sócrates es acusado ante el tribunal de Atenas de no creer en la divinidades de la ciudad, de tratar de introducir otras nuevas y de corromper a la juventud. La pena exigida es nada menos que la pena de muerte. Pero esto no consigue amedrentar a nuestro protagonista:el director italiano nos lo muestra continuando con la labor que su daimon (su divinidad particular) le había encomendado, esto es, hacer ver a los otros hombres que no saben en realidad lo que creen saber. En orden a esto lo vemos discutir con Hipias acerca de la belleza, con Eutifrón sobre el significado de la piedad, atreviéndose incluso a contraponer a Lisias (el que en principio estaba encargado de su defensa) en lo referente a la verdad y a la elocuencia.
Durante el proceso vemos a Sócrates defendiéndose a sí mismo frente a las acusaciones de Melito, Anito y Licón. En primer lugar tratará de defenderse de las acusaciones de los cómicos, que siempre lo han presentando como un filósofo de la naturaleza y un introductor de nuevos dioses, tras esa caricatura había una acusación mucho más peligrosa: la de ateísmo. El personajes que éstos quieren pretender ver en Sócrates no existe en la realidad. La acusación no puede provenir de estos cargos sino del hecho de haber sido proclamado, a partir de la pregunta que Clerefonte hizo al oráculo de Delfos, el hombre más sabio de toda Grecia: es decir, por saber que nada sabe, al contrario de los demás hombres, que sin saber nada ni siquiera conocen su propia ignorancia. Posteriormente, a través de sus argumentos, Sócrates muestra como todas las acusaciones de Melito son infundadas, puras calumnias. Desde mi punto de vista aquí Rossellini cae en un error al presentar el juicio tal y como lo hace ya que para cualquier espectador no queda otra salida que pensar en dos posibilidades: o que el jurado de Atenas está corrupto en su mayoría, o que simplemente son imbéciles. Está claro que su intención está más cercana a la primera opción (más socrática) que a la segunda, pero esto podemos comentarlo más tarde, ahora sigamos con la sinopsis película.
Cuando Sócrates es efectivamente condenado a muerte le dan la oportunidad de conmutar la pena ofreciendo algo a cambio. Entonces el filósofo, en uno de los pocos momentos de esa ironía que tanto lo ha caracterizado en la historia del pensamiento y que en la visión que nos da Rossellini apenas se deja notar, pide como conmutación de la pena el derecho a ocupar un lugar en el Pritaneo (el lugar reservado a los benefactores de la ciudad), algo que hace arder en cólera a todos los presentes. Tras esto, nadie puede evitar que el filósofo sea condenado a muerte por una mayoría de 140 votos.
Los discípulos de Sócrates, preocupados por la suerte de su maestro, tratan de convencerlo para que emprenda la huida. Critón es el encargado de convencer a nuestro protagonista, por lo que de mañana lo visita en su celda. Sócrates se niega en redondo a aceptar la solución que le presentan, imagina que las Leyes de la ciudad se le presentan en persona y, tras ver su intención, le echan en cara el hecho de pretender ser infiel cuando las cosas se ponen feas, después de haberse servido de ellas durante toda su vida.
La película finaliza cuando Sócrates toma la cicuta, uno de los momentos más bellos del film (no en vano muchos pintores han tratado de plasmar en el lienzo este momento debido a su gran belleza y emotividad). La escena que Rossellini nos presenta no está exenta de dicha belleza. Sócrates nos habla de la muerte en términos muy cercanos a Platón, en ese sentido nos dirá cosas como: “Los hombres calumnian a los cisnes. En la hora de la muerte los cisnes no cantan de desesperación, sino porque son felices de ir junto a los dioses, a servirles”. En efecto, Sócrates nos presenta la teoría platónica de la inmortalidad del alma, de que la muerte no tiene que ser un trance doloroso ni ser considerado como algo negativo porque es el puente a una vida mejor en la que se alcanza el verdadero conocimiento.
Finalmente, y antes de hacer un comentario crítico, destacar el importante papel que Rossellini hace jugar a Jantipa, la mujer de Sócrates (aquí interpretada por Anne Caprile como una clásica mamma italiana). Me sorprendió muchísimo la importancia que el director italiano le da a un personaje que en los diálogos de Platón no es ni siquiera secundario (anecdótico más bien se podría decir). En esta película Jantipa en cambio se presenta como alguien rebosante de sentido común, conocedora del mensaje filosófico de su marido (del que se confiesa bastante harta) e incluso capaz de predecir los futuros problemas de su esposo.

Biografia de Roberto Rosellini
http://ca.wikipedia.org/wiki/Roberto_Rossellini

Película en YouTube

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