El Hombre Fascista

Por Benito Mussolini.

“La realidad, para el fascismo, no es el mundo material de las apariencias superficiales, no es pensar que el hombre es un individuo aislado del resto de sus semejantes, una entidad que dispone que sí misma, gobernada por una ley natural que, instintivamente, le inspira 20120322200803!Mussolini_biografiauna vida de placer hedonista y fugitivo.

El hombre fascista es una persona que es Nación y Patria, ley moral soldada en los individuos y en las generaciones por la tradición.

Es un hombre arraigado, con una misión destinada a suspender esa tendencia que tiene la vida a enfermar, que quiere romper ese círculo vicioso del placer por el placer para instaurar una forma superior de existencia que supere los límites del espacio y de los tiempos.

La vida del individuo declarado fascista, por la abnegación, por el sacrificio de los intereses particulares, por la misma muerte, realiza esta forma de existencia en la que reside todo el valor del hombre.

Nuestra concepción es una concepción espiritualista que reacciona contra el materialismo que se instauró en el siglo XVIII; antipositivista, pero positiva, no escéptica ni agnóstica, ni pesimista ni dada a un optimismo facilón, como lo son en general todas las doctrinas -todas negativas- que sitúan al hombre en el centro de la vida.

El fascismo quiere un hombre activo, comprometido en la acción con todas sus energías.

Lo quiere consciente de las dificultades y dispuesto a afrontarlas.

El hombre fascista ve en la vida una lucha, está convencido de que le corresponde conquistar una vida verdaderamente digna mediante sus instrumentos físicos, psíquicos, morales e intelectuales, necesarios para su elevación.

El hombre fascista da un valor supremo a la cultura en todas sus formas (arte, ciencias, religión) y una importancia primordial a la educación.

Esta concepción positiva de la vida es, evidentemente, una ética. Ninguna acción se sustrae al juicio moral. Nada hay en el mundo que pueda ser despojado del valor que le confiere a todas las cosas la consideración ética. La vida, tal como la concibe el fascista, es seria, austera, religiosa: elevada en un mundo sostenido por las fuerzas de la moralidad y la responsabilidad. El fascista aborrece la vida confortable.

El fascismo es una concepción histórica según la cual el hombre se encuentra en el centro de un proceso espiritual, formando una nación y una historia que a su vez le forman a él.

El fascismo no es nada sin la tradición asentada en la memoria, en la lengua, en las costumbres, en las normas que regulan el modo de la vida social. Fuera de la historia, el hombre no es nada.

Este es el motivo por el cual el fascismo se opone a todas las abstracciones individualistas fundadas en el materialismo del siglo XVIII. He aquí por qué se opone a todas las utopías jacobinas”

Benito Mussolini, 24 de Octubre de 1934.

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